Antología Virtual Grito de Mujer®

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Poemas Grito de Mujer 2014 en San Juan, Puerto Rico

Poemas Festival Internacional de Poesía Grito de Mujer 2014 en San Juan Perto Rico, coordinado por Zulma Quiñones, embajadora del Movimineto Mujeres Poetas Internacional (MPI)











Marieli Calderón

A ti, aquel:


Me amas,
pronuncias
entre navajas.
Me proteges,
con el puñal
de tus traiciones.
Te calmas,
en la vorágine
de mis pasiones.
Encarcelas
la libertad,
con llantos
de piedad.
Enredas
de verborrea insulsa,
realidades templarias.
Envalentonado
de cobardía,
atacas inmisericorde.
Ríes,
efímera victoria.
Se quita la máscara,
la que hoy,
te abandona.





Lynette Mabel Pérez


Cadáver de Mariposa


Soy la (no)nata abortada en China
porque su padre deseaba un niño,
soy la bebita encontrada en México,
aquella que los chulos usaban
para darle sexo oral a sus clientes,
la misma que fue asesinada
con el semen aun caliente en el estomago,
soy la lapidada en Oriente Medio,
la viuda obligada al Satí en la India,
descendiente silenciosa de la gran Kali,
una de las muchas cruces
que orgullosas flamean en Juárez
-esa frontera inmisericorde-
soy la que sufre la ablación en Egipto,
la que mira su vida disperdigada
en el reflejo de un espejo retrovisor,
soy la que llegó a los sesenta
velando por que se cumplan los sueños
de los otros. Jamás los suyos.
Soy ese cadáver que no supo jamás que era una mariposa.




Miguel A Torres Aponte

Contigo

Contigo la mano abierta sabe a contagio
el puño izquierdo hiere a bandera blanca
me duele donde quema la pluma no sin alas de esperma
aterriza donde apunta la hiedra su mueca en jaula

contigo el cielo se vuelve tierra
y el mar un fango a lo sumo
el grito se entiende con lo sordo
con lo eterno de una boca que de
abierta, cierra el silencio a plomo

contigo fui el clavo que penetra el martillo
la luz que se esconde en la sombra
los días pasados de un presente que no aguanta futuro
contigo una mordida al diente
que me vio tragar lo seco en casería de un difunto

contigo ya no soy todo aquello
que todavía se me enreda en la esperanza


Jeannette  Rodríguez Colón


Detrás de la piel

Ninguna cosa impuesta por la violencia será duradera. La violencia lleva implícita en sí misma la debilidad”. Paul Valéry


Mientras la piel de una fémina anochece brotan lágrimas intangibles.

Se parte cada mirada de la mujer,
el cuerpo permanece sin fuerzas.
La voz se desvanece y los gritos son rojos
episodios de melancolía que deambulan en los hogares,
en un orbe de pálidos significados.

La violencia es el frío en los caminos.
El tiempo hace memorias de vidas extraviadas.
Se vislumbra la temprana ilusión quebrada
y los tristes ojos de niños que transitan en busca de esperanzas.

El amor es ley que debe hallarse en rincones definidos por  toques de transparencia.

Matar a una dama es volver el rostro al ojo de la falacia,
es descansar frente al puñal que lacera  el infinito.

Sufrir es la congoja que muestra cada reflejo en los espejos,
la muerte solo es el fin que oculta el violento desastre,
la mezquina existencia que golpea el inconsciente.

El silencio es un túnel oscuro, impenetrable.
La violencia ciega familias, la sombra consume el interior.
Reconocerse es el deber de cada mujer:
debe sentir  que lo lúgubre se transforma en el regreso hacia el ocaso.

El infinito promete miradas de utopías,
y la salida del golpe promete el abrazo inocente
 que se esconde en el rostro de la luna.

Resignarse es olvidar el combate,
la huida está frente a la verdad
y la mirada se llena de letras que claman la ventura transformada
de ecos eternos y de las estrellas cubiertas de palabras.

El vocablo será hecho mujer, será  renacer.
El fin de la violencia destruirá lo inhumano.
Jamás existirán cobardes prisioneros escondidos en promesas.


Antonio Santiago Merlo


Elegía a Julia de Burgos


“Si hablo, mi dolor no disminuye,
y si callo, no se aparta de mí.” Job 16:6


Tuviste que partir inquebrantable
entre los camaradas del silencio
por tu ruta solitaria y mutable.

Con el rayo que ilumino y potencio
he de lucubrar tu verdad sencilla
por tu sangre en la tinta que secuencio.

Después de deambular como avecilla
por tu surco en Manhattan veraniego
tuviste que pasar a la otra orilla.

Pero tu adiós fue solo un hasta luego
de beso largo y musgo de ribera
con ala dragón y voces de fuego.

De tu dolor mudo fuiste agorera,
de tu alba indecisa y furor renuente,
de tu golondrina sin primavera.

Y surgiste del río como puente
con sueño de pájaros amarillos
para versar la patria diferente.

Y noches sin luna como castillos
alzaron tu bandera de baluarte,
de compañera de lucha y nudillos.

Por eso tu ribera de estandarte,
de la que bebo tu dulzura amarga
para hacer la bohemia de salvarte

y presentir  la estrella que te alarga
del margen caviloso de Loíza,
del ser y no querer ser que te embarga,

para que regreses de tu ceniza
al pueblo que se yergue de tu rosa,
unido de la brecha fronteriza,
cuando escucha tu acento, mariposa.



Margarita Iguina Bravo

El ruido de la gota al caer

Gutta cavat lapidem

Ovidio (43 a.C.-18 d.C.) 
    


                 
                                  
                                                                        
Pasan los días  y también los años
y mientras  no logro salir de mi encierro
una lluvia tenue pero persistente
dibuja una grieta hundida en el techo.
Ya no tengo fuerzas para detenerla
no puedo impedirle que quiera crecer.

Ante los sonidos que inundan mi cuarto:
Coro de batracios, zumbido del viento, tictac del reloj,
solo  escucho un ruido, un ruido muy quedo
de una triste gota  que imprime su huella
cuando  se columpia y se balancea
hasta que de pronto se deja ca er.

Todo está en penumbras, la casa vacía
tan solo persiste un olor a angustia,
es un olor rancio como a pesadilla
que se adhiere  a todo como el comején.

De pronto se escucha un girar de llaves
y el triste gemido de un cierre final.
Los pasos se acercan dueños del espacio
una voz agreste retumba paredes
la oscuridad huye,  se esconde, se oculta
cuando en la penumbra se enciende una luz.

Logro ver sus ojos prendidos de ira
su  boca abierta escupiendo maldad.
y permanezco rígida, igual que una esfinge,
contengo el aliento, e impido  que salga un grito animal.

Solo  escucho un ruido, un ruido muy quedo
de una triste gota  que  imprime su huella
cuando se columpia y se balancea
hasta que de pronto se deja caer.




Fannie Ramos Vélez

El universo entero mujer
                                                          

Mujer luna, mujer sol, el universo entero mujer,
concebida en el útero de una tierra dilatada de siglos,
parida en el llano, en la montaña, en la ciudad,
bajo un cielo impoluto reventado de estrellas.

Mujer milenaria, antigua, sin edad,
tatuada en las hojas como una historia verde,
enroscada en la secoya, en el baobab, en el olivo, en el mangle.

Mujer ola, mujer campo, mujer selva,
verdes cabellos de montes indomables,
ojos de lluvia, húmedos de ríos y mares,
hecha de alba, el pecho florecido de ocasos.

Mujer pájaro, mujer rocío, el universo entero mujer,
con sus senos de frutas maduras alimentando la tierra,
suave barro con forma de hembra y alma de viento.

Mujer amante, mujer múltiple, mujer repartida,
dándose entera en el beso inocente, en la danza de lenguas,
en el abrazo, en la caricia, en la mirada,
jinete febril, desnuda de rieles,
galopando insurrecta sobre los cuerpos.
.
Mujer de antes, mujer de siempre, mujer constante,
invocada en el desvelo de muchas noches
como un recuerdo fosilizado en la memoria.

Mujer colectiva, mujer sin pautas, mujer combatiente,
con la carne multicolor hinchada de orgullo, de amor, de raza,
el baile encajado entre las caderas,
la palabra justicia encendida en los labios,
el vientre abultado de hombres libres.

Mujer Tierra, mujer amante, mujer patria,
la historia en ella reivindicada.

¡Mujer indómita, mujer soberana, el universo entero mujer!




Susie Medina Jirau

Espinas en el ojo de la rosa

                                                
Bebí en tu costado el hechizo de la luna
con tu nombre imanté repiques
para mi campanario
pero tu sexo homicida
como viento de tormenta
cegó mi lámpara.

Rebotan mis palabras contra el muro del dolor
en mi rostro oculto el veneno del miedo
la habitación llora mi figura mutilada
el espejo mira yerto el suicidio de las heridas.
Tu ego epiléptico revela sus garfios.

Perdida en un acantilado sin pelícanos
me busco, te busco
naufragamos en la oscuridad.
De mi fuente aflora la savia que me fecunda
con ella se empinan traslucidos
los cristales rotos.

Miro atrás y sólo veo noches de silencio
luego…
tus caricias contagiadas
con la calavera de tus delirios.

Ya no escribo tu nombre  en mis lágrimas
enterré las cenizas de tu sombra.
Sobre mis huellas desnudas aprendí a caminar
y a cobijarme con palabras nacientes
a pesar de las espinas en el ojo de la rosa.







Jessika Reyes Serrano


Érase una vez


“Confundí con estrellas,
 las luces de neón”. Joaquín Sabina


“Rara ceguera que me borras

el mundo...” Delmira Agustini


                                                                                                                                                                        
Si la poesía escribe
mi yo sin ser.
Mi yo sin carne,
sin la materia
que te contemplaba
mientras dejabas sin respiración
mi espíritu ya muerto en vida.

Entonces,
que también escriba mis carcajadas.
Que aparezca en la primera plana
de los versos que fui feliz.
Con insultos, a puño limpio,
de cantazo en cantazo...
Fui tan feliz
que parí imaginados
hijos del (amo)r.

Cuando la poesía hable de mí
que diga que compré
lo que nos venden del amor romántico.
Que reconozcan que
has-ta que la muer-te nos se-pa-re
no es una hipérbole.
Y que el miedo es un símil
de la aparente felicidad.

Que borden mi nombre
en un pañuelo blanco
con hilo rojo pasión.
Que la bordadora
ponga final al poema de horror
que comenzó el día que dije sí
y el día que no dije no.

Mi poema será tu espejo
cuando veas en hilos de sangre
mi sonrisa desfigurada.
Cuando camines
por el reino de la apariencia.
Cuando compres, igual que yo,
tu primer cuento de princesas.




Susie Medina Jirau

Espinas en el ojo de la rosa

 
Bebí en tu costado el hechizo de la luna
con tu nombre imanté repiques
para mi campanario
pero tu sexo homicida
como viento de tormenta
cegó mi lámpara.

Rebotan mis palabras contra el muro del dolor
en mi rostro oculto el veneno del miedo
la habitación llora mi figura mutilada
el espejo mira yerto el suicidio de las heridas.
Tu ego epiléptico revela sus garfios.

Perdida en un acantilado sin pelícanos
me busco, te busco
naufragamos en la oscuridad.
De mi fuente aflora la savia que me fecunda
con ella se empinan traslucidos
los cristales rotos.

Miro atrás y sólo veo noches de silencio
luego…
tus caricias contagiadas
con la calavera de tus delirios.

Ya no escribo tu nombre  en mis lágrimas
enterré las cenizas de tu sombra.
Sobre mis huellas desnudas aprendí a caminar
y a cobijarme con palabras nacientes
a pesar de las espinas en el ojo de la rosa.



Miguel Ayala Chaparro

Eva


Como si de un brazo de mar
le hubiese brotado
porta el pincel
que dibujó los genes
que expandieron la travesía
de esta y otras galaxias.

Ha vuelto  Eva

En sus ojos anida el letargo
de todos los ocasos de Abel
y todos los destierros de Caín
De su silueta
mana el esplendor
que catapultó a Adán
del el paraíso hasta la gloria

En la estela de su túnica
cuelgan las pupilas
de un caudal de rostros
que colmados de esperanza
anhelan una migaja del fruto
que malogró un arcángel.




Aida Mendoza


Grito de Mujer


Hay seres que  iluminan
iluminan tu camino dando vida
vida que impregna
impregna la cabina
cabina de pasos
pasos que gimen
gimen de dolor, vergüenza
vergüenza que a veces es ajena
ajena de conocerla causa
causas justas e injustas
injustas viendo dolores
dolores de parto
partos deseados e indeseados
indeseados que traen desdicha
desdicha a las agredidas
agredidas a dar vida
vida que dará esperanzas
esperanzas a un mundo mejor
mejor que ayer
ayer ya es pasado
pasado que es Historia
historia de Mujeres
mujeres que dan Grito
Grito de Mujer




Betsy de Jesús Rosario

Hay una confinada en la calle


Al tema de la prisión, posiblemente estas letras no le hacen justicia. Ese  tipo de presidio, en el que te enloquece una pregunta ¿Qué fue lo que hizo para merecer tan vil castigo? Recordando a Pilar.  Confinada a una celda pidiendo permiso para moverse, comer, dormir o salir por el polvoriento y solitario camino en el que tientas camina.

Sus cabellos también viven un presidio, el del abandono. Se han convertido en raíces blancas que rozan sus hombros, hilachas opacas y desteñidas.  Sus hombros caídos en señal de derrota, tratan de sujetar un cuerpo y senos distorsionados sobre un vientre inflamado. Sus manos, manos de artista, que una vez esculpieron los más bellos rostros y contornos. Hoy, fantasmas del ayer que merodean por las verjas de La Complutense en Madrid. Su verdugo en pie de lucha, la apuñala con palabras, y con su puño la hostiga. Viejas costumbres de su Siria natal.  Ella, indefensa, enmudeció de rodillas.  Sus sollozos son el eco de la calle.  No se percibe libre.  Ni desea ser la primera, segunda o tercera persona en su casa. El miedo a la soledad y al silencio la amordaza.  Soy testigo, vive en la celda número 27, a dos puertas de mi casa.



Celia Altschuler


Julia


Se paseaba a las cinco, al despertar el día
desvelando  los sueños de Lunas y Soles
con el río sus amores sollozando
entregándole la causa de sus congojas

Tallando sobre las aguas su cuerpo sumergía
mientras la hermosa melodía
que acompaña afluente
acariciaba sus sienes con seductor encanto

Y otra vez, como muchas otras veces
la abrazaban aquellas danzantes corrientes
que había aprendido a amar antes de despedir
su inocencia en brazos ajenos

Vestida de ausencias volvió al nidal
Alargando su espíritu en verso
A veces transformado en verso
otra veces recreado en mujer

Allí donde la floresta revela abundancia
Donde la maleza viste vegas y mogotes
El silencio sigue bordando cascada en poemas
Que aún recitan tus amores Julia.



Idalisse Colón Ferrer

Julia

In Memoriam of Julia de Burgos                                                                                        


Tu y yo nos parecemos
al dar de nosotras la palabra
que cobra vida cuando entre las multitudes
levantamos la voz en cada verso
expresando el derecho a ser como somos
mujeres fuertes, sensibles, amantes
de lo justo, de lo humano, lo que dignifica,
o cuando nuestro corazón de amor se entrega
y al sentir su amargo adiós, dolidas.

Todas de ti tenemos algo,
así cuando nuestro yo con nosotras pelea
y queremos ser la perfecta señora
mientras que raída la conciencia, nos condena
al ver  que se disipan íntimos anhelos
detrás de roles que día y noche nos fustigan
cuando vemos que los sueños no se cumplen,
y  la soledad y el hastío nos dominan
o cuando un hombre navega nuestro cuerpo
provocando un tsunami de sensaciones gloriosas
y después que vibramos como placas terrestres
nos dejan como nada sumidas entre sombras.

Contaré tus números, tus horas perdidas
para recuperar las mías paso a paso
reclamaré que ninguna persona
contra mis hermanas levante su mano,
dejaré que un mar de agua pura
me haga el amor como a ti lo hizo el río,
asumiré como un desafío mi existencia
y pediré a Dios por este pueblo mío.




Juan Carlos Fret Alvira

Lo que es y lo que no
                                                                      

No saliste de costilla o palabra o soplo alguno.
No saliste de átomos que explotaron en algún momento.
No estás hecha de polvo de estrellas, por más “lindo” que se escuche y lea.
Los tuyos son otros mitos o verdades.
Saliste de un útero de otra mujer, eso se sabe y es la única certeza.
Lo demás es cuento, hipótesis, creencias.
Tu origen es un espermatozoide unido a un óvulo: biología.
El resto son ideas aprendidas, prejuicios milenarios o enseñados ayer,
ecos de viejos y nuevos pasos, palabras, gestos, acciones, costumbres, tradiciones, leyes.
Luego viene el yugo evidente de milenios, del que hace poco empezaste a liberarte,
mas quedan pequeñas cadenas que atan, aunque no parezca, pequeños anzuelos que
rasgan la piel.

No eres princesa caprichosa, ciervo protegido, hembra delicada, cuerpo débil,
esclava doméstica, mente incapacitada, madre obligatoria, carne insensible,
sentimientos a flor de piel, locura irremediable, deseo reprimido, abnegación sin término.
Todo ello, harta cosecha en el granero de la opresión,
empacada en sacos por arrobas, consumida en latas por furgones, regurgitada cada día y
noche.
En el panorama hay cemento, frutos envenenados, ríos enclaustrados.
En el panorama hay  resquebrajaduras, yerbas crecientes, cauces inundando.
En el panorama eres todo eso y algo más que todavía está por ser.



Karina Gómez

Monstruos en el closet


Los monstruos existen.
Los he visto en mi armario y he sentido terror.
Han vivido en mis silencios.
Me han parasitado desde mis primeros años.
Mi memoria se asusta de sus propios recuerdos.
De la cremallera brillante bajando frente a mi boca.
Aun guardo en el gusto el amargo sabor de su maldad.
Esta noche han vuelto a merodear mi habitación.
Llegan justo con el chirrido de la puerta.
Nuevamente amenazan con hacerme daño
si revelo nuestros asuntos domésticos.
Me doblegan, me amenazan, me llaman mentirosa.
Siento sobre mi cuello su halitosis,
sus babas caer de sus bocas hambrientas.
He pedido ayuda.
Se me ha gastado la voz.
Pero la sordera parece haber infestado al vecindario.
Nadie quiere oírme.
Invoco al ángel de mi guarda.
El escucha mis suplicas y llega presuroso
con su séquito vestido de azul.
Pero también actúa como si nada pasara.
Me ha puesto en subasta.
Me exige que sonría aunque por dentro este muriendo.
Me ha vendido por treinta monedas de oro.
Las ha escondido entre sus alas.
Ya no puedo confiar en el cielo,
la corrupción ha petrificado sus espadas.
Nunca más volveré a rezar.
No me quedas más que callar y tragar



Rebeca Santiago


Midiendo el río de Julia


¿Quién mide el río del dolor,
de veinte puñaladas en el pecho?
el médico  opera  condiciones críticas,
el siquiatra  receta las pastillas;
el policía que niega  una orden;
el ministro que ora contigo;
¿Y quién  mide,
las horas de sueño perdidas
las vicisitudes del Tribunal;
los días de recuperación;
los miedos a las tinieblas y a la luz;
las clases perdidas;
los estigmas en el trabajo;
las cicatrices verdaderas del dolor?

¿Cómo se mide el dolor del rio
Del  asesinato con un tubo?
El embalsamador le pone  maquillaje;
La funeraria pide presupuesto;
Los actos fúnebres celebran lo religioso
los amigos unen las coincidencias
Pero ¿quién mide
una vida perdida  en el vacío,
los hijos dejados de amamantar
las sonrisas dejadas en las sombras;
los orgasmos que no hicieron el amor,
las manos que dejaron de hacer?

¿Por qué se mide
el  rio de la Julia?
Una estadística del crimen;
fondos que paga el silencio;
el Sistema que ordena la protección;
¿Por qué se mide el dolor
De la mujer ultrajada, abusada,
adolorida, asesinada, incapacitada,
deprimida?
¿Por qué sigue el machismo del poder;
espacios de objeto y deseo;
y siguen los anhelos del perjuicio
comiendo las entrañas de la verdad?
Y por qué los ríos llegan al mar de venganza
corriendo a matar y degollar;
faltando la solidaridad de la paz.



Glendalis Lugo

Mujer marcada
                                                                                  


Mujer marcada
pienso en los golpes de tu alma,
en cada lágrima discurrida en algún rincón de tu casa
en la indiferencia cotidiana obligada
en tu dolor agazapado por no ser valiente
y enfrentar una realidad a la que llamas: "Vergüenza".

Mujer marcada
no vistas tu alma de fino ropaje
o de joyas pagadas con tu dolor,
y deja que tu grito ese guardado en tus ojos
sea aunado con mujeres de toda clase social
y con ellas encuentres libertad,
tristemente es un mismo grito necesitado de ser abolido.

Mujer marcada
evade esa soledad impuesta
por la sociedad o el deber de madre,
tus hijos te lo agradecerán,
¡deja de llorar! piensa en un mejor mañana
sin golpes ni moretones y en una vida sin desilusiones.

Mujer marcada
piensa en los días felices
a los que tienes derecho
cuando evadas las cadenas y sonrías de nuevo,
¡Un nuevo amanecer te espera!
¡Abrázalo sin miedo!




Emma Jeanette Rodríguez                         

No me olvides


Sangro furiosa porque tengo hambre de desenmascarar la agonía y los silencios inmortales.  No importa si mis partículas ya son fugaces y la copa está vacía. El juego del holocausto ya es muerte en mi cuello. Estoy condenada a su cabeza porque es inútil escupir secreciones en los podridos esquemas. Es inútil porque ahí viene ese varón que mata y se construye en su suicidio glorioso. Me clavo la guerra las mentes estrechas el miedo caníbal la página del cero el infantil desnudo que me hace caminar furiosa por este limo. Hay ácido en mi lengua mi celda se arrastra al gatillo de la intolerancia. Siempre quedo intacta en el tiempo en las canciones en el cadáver en las flores en la historia del cangrejo que nunca vio su orilla.




Manuel Martínez Maldonado

Oye el grito
                                                          

Oye el grito.
Rebota de los cristales rotos,
de los párpados henchidos,
de los labios mustios
y muertos de amor.
Es el llamado a detener
la agonía, el llanto
que se oculta en los aposentos,
ese aullido que muchos oyen
y a veces no escuchan.
Quedan las huellas
de las uñas que marcan
las almohadas,
que laceran las sábanas,
que van por la sangre .
Oye el grito.
Retumba de casa en casa,
de apartamento en apartamento,
de calle a calle,
de muerte a muerte.
Busca el oído de la tumba
que espera al súbito
rencor de la locura,
de la violencia vetusta y vacía.
Oye el grito
y préstate a auxiliar.
La próxima vez que lo escuches
podría ser tu madre, tu hermana o tu hija.
¡Oye el grito!





Julia Laborde


Que no se apague mi voz de mujer


                                                                                  
Que nunca se apague
mi voz de mujer.
Desgastada con el tiempo,
herida,
por esos talladores de mentiras.
Sonrisa, mirada y boca
caminé  frágil
en mis ruinas.
Guarapo, tucutú y rosa
poesía, poesía.
Dejé que el llanto jugara
por todas las orillas
de mi loma.
Fui música,
fui sal,
fui verde cósmico,
anhelo arrullador,
fui indígena,
fui mía,
no tuya,
mía.
Canté mientras huía
de mí misma,
poseída, poesía.
Abandonada caía
estremecida, diluyéndome
mientras vivía.
Hoy sola recorro el mundo,
colecciono voces azules
que se evaporan
como sombras mudas
perdidas en los baúles
del olvido infinito,
las corto y las pego
aquí,
collage de espinas,
para que puedas entender
cómo se escapa el dolor
que agrieta el cielo
y se sanan las heridas
con un solo grito:
poesía, poseída,
mis rimas,
que nunca se apague
mi voz de mujer.






Milton Antonio Curcio
                                                                                                                                                                                                                                                          

Que venga el amor


Que tengas todo el amor genuino del mundo
y que brote ferviente de tu corazón,
goteando como almíbar tibio y lento,
 el testimonio cierto de ese gran amor.
Que te  embriague con la sobriedad
de quien busca saciar otros fuegos,
enfocada en rociar  de ternura y  cariño
 a las vidas que este amor nunca llegó.

Que tengas todo el amor genuino del mundo
y que así también lo tenga yo,
para dejar primero que nos cure la amargura
que otro corazón herido nos dejó.
Que venga, que venga el amor más genuino del mundo
a sanar las memorias cargadas de odio y  dolor,
y que nadie lo pare,  que nadie lo detenga,
ni siquiera  tú,  ni tú,  ni yo.

Que venga, que venga el amor.




Walberto Vazquez


Si fuera mujer          
                                              
¿Y si Dios fuera mujer? 
pregunta Juan sin inmutarse, 
vaya, vaya si Dios fuera mujer 
es posible que agnósticos y ateos 
no dijéramos no con la cabeza 
y dijéramos sí con las entrañas. 

                              Mario Benedetti
                                                          

Me duele la mujer
la que llevo en mi cuerpo
adolorido
y sin descanso
atropellado por el sinsabor
del sentimiento.
Si Dios fuera mujer
concebiría la sensibilidad
necesaria a los hombres
para entender a nosotras las mujeres
las de senos caídos por los vaivenes de la vida
las que ya no quieren maquillar su piel
de negro
las que son abrazadas por su sombra
cada vez que su espalda toca el suelo.
Si fuera mujer
este hombre
no se desvelaría durante el día
buscando la mujer
que lo haga vivir de noche.
Si Dios fuera mujer
comprendería ala que me habita
me quitaría la náusea mental
y el mareo del corazón.

Si fuera mujer
ya no clavaria mi perfume en tu piel
si fuera mujer
si yo fuera mujer
entendería
porque Dios es hombre.




Lourdes Collazo

Última

                                  

Su llegada es sombras,
oscuros imperturbables.

Mi fe en él es incondicional.

Él sabe amarme con un beso,
púrpura sobre la piel.

Aprendo a dormir sola… con él.

¡Ah!  Ojos de abandono, su ausencia,
razonable máscara que no duele,
él, invisible, y yo, lanzada a su rutina.

Su llegada, un encierro.
Un espacio, mudo y destacado.
Su insomnio lo justifica:
debe estar pensando en él.

¿Qué hago aquí, letrada,
diciéndole de mi inexistencia?

Su boca no conoce otras palabras
que no abracen su paternidad.
¡Me doblega tanta dulzura!
la siento cerca, en ellos...

Su abrazo es no tener tiempo,
entrar a nuestro cuarto
sin él, sin mí, sin nadie.

Cierro los ojos.

¡Me ama demasiado!




María Miguel Manzano


Violeta


Huellas violeta dejaste en mis ojos,
 en mi alma, en mi secreto.

Violeta mis pesadillas,
 violeta mi vida a tu lado,
violeta y violenta mi sangre
desplomándose en el piso,
revolcándose en mi llanto.

Violeta en la alfombra,
 en las sábanas,
en los surcos de mi cara,
en mis labios,
en mi sien, en mi costado.

Violeta mi memoria
 cuando recuerda,
 tus dedos inmolando mi garganta,
 enredándose en mi pelo,
 como una telaraña.

 Violeta azotando mi espalda
 con implacables palabras,
 con gestos tan calculados,
 con ademanes tan rudos,
 con manoseos de cianuro,
 envenenados.

Violeta, morado y púrpura,
el desierto en mis entrañas.
¡Tanto dolor derramado!
¡Tanta herida maquillada!

Violentamente violeta
tu estadía en mi existencia,
hasta convertirme en sombra,
hasta transformarme en piedra,
en tu mirada violeta.

Violeta es ahora un recuerdo,
una quimera.
Y en un atardecer violeta,
violentamente soberbio,
abandonaste el infierno,
dejando atrás mi silueta.

Y arrancaste mi inocencia,
 y ultrajaste mi sonrisa,
sodomizaste mi espíritu,
con crueldad y con inquina.
Pero cual roble e indomable soy,
no me robaste mi vida.
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Compilación virtual del Festival Grito de Mujer. Aquí podrás leer desde nuestra selección destacada, hasta algunos de los poemas presentados en el festival Grito de Mujer, aportados por hombres y mujeres solidarios, en homenaje a la mujer y contra la violencia. Este blog tiene el fin de dar las gracias a toda la gente que nos ha apoyado. Quienes siendo o no poetas, han sumado su grito. Podrás conseguir lo mejor de nuestra causa en nuestras antologías impresas.

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