Antología Virtual Grito de Mujer®

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Poemas grito de mujer 2017 Aguilas Murcia España




Pedro Vera Sánchez, Trinidad




 

A Malala.

La poesía es un arma cargada de futuro.
(Gabriel Celaya)




La palabra, tan ágil como el viento,
nos arma, nos protege y alimenta
nos da vida, fuerza que nos sustenta
y es escudo contra el sometimiento.

La palabra es puro atrevimiento
y Malala muy bien lo representa,
sus heridas hablan de la tormenta
y constatan su enorme sufrimiento.

Tu palabra, cargada de futuro,
es el germen que espera ya sembrado
en un mundo plagado de discordia.

Tu palabra, puedes tener seguro,
hará que el corazón más acerado
torne ejemplo de paz y de concordia.






 

Cuando me pongo a escribir



Nuestras vidas son dos ríos
que van a dar a la mar…
(J. Manrique)





a veces cierro los ojos
por no ver
quienes pretenden vivir
ofreciéndonos despojos
de comer.
Intento hacer mi trabajo
de la forma más decente
y me afano
sin buscar el agasajo
me arrastra el viento de frente
muy ufano.
Y si acaso leo la prensa
en titulares me quedo
y un café
es mi única defensa,
no coincide con mi credo
y lo sé.
Pero me queda la vida
me queda el sol, el amigo
y su mano
que siempre encuentro tendida
y es refugio ante el castigo
del tirano.







María José Valenzuela Cánovas


 

Trazos


Mi corazón ebrio de sueños y rosas,
traza los signos
en un mundo de manos vacías.
Aunque habrá palabras,
mañanas de nieve
y luto en los árboles, cada otoño.
Intenté ser inmortal, como el silencio,
pero no recuerdo nada. 







 
María Dolores Rodríguez




Cartas a Miguel



Tierra de promisión y de bonanza
será, Miguel, la tierra que soñabas:
“Dios vendría de nuevo
cargado de esperanza”.
El campesino enjuto y acerado
sacrificado el fin y acorralado,
sin poder respirar su propia brisa
le han de devolver su parva y su ganado
y la expropiada luz de su sonrisa.
Tú que viviste escaso en todo
y abundante en nada,
soñaste ser jardín de tu alborada
y dormir en paz
en tus noches de majada.
Se te quedó en los sueños
el alma desgastada.
No puedes ordeñar
la leche derramada
y añoras el cuerpo de tu esposa,
que de campo florido
pasó a ser grama.
¡Ay, Miguel! Amante campesino.
En ti recuerdo:
Arado fuerte y masculino,
Que cuidarás la tierra
Con mimo y cariño.
Igual que aras y siembras
el surco femenino.








Hojarasca




Lloraré,
             porque fui la hojarasca
             que pisaba tu pie.
Es así.
             Ese triste recuerdo
             de congojas extrañas.
Son igual
              que el dolor desgarrado
              de las alas del tiempo.
Gritaré,
               por todo lo vivido,
               cuando una cruel borrasca
que pasó
               me llevó a esta región
               de los vuelos perdidos.
Lloraré,
                por tu helado desprecio,
                por este exilio inútil
que sin ti,
                me condenó a vivir
               en sangrante aleteo.
Y seré,
               con un nuevo plumaje
               tembloroso recuerdo.





 


María José Martínez Peña


 

Sin voluntad ni paciencia


Qué más decir. Qué más justificar,
cuando se agoten estos versos
que ahora escribo.
Nunca tuve voluntad ni paciencia,
y con tanto exceso de fe,
se vuelve uno un poco idiota
y llega a confundirse,
como algo indefinido o aparente,
entre filosofías que ocupan este mundo.
Ese rincón del café, por ejemplo,
para quedar citado con la lluvia
y ver a través de los vidrios
esa tonta alegría de paraguas
al otro lado de la calle.
Y qué sé yo qué haré
cuando se agoten estos versos
que ahora escribo.
Tal vez mire a través de las ventanas
con mi paraguas cerrado,
con mi viejo bloc y sus versos rotos,
precisamente,
donde cierra la noche su codicia y abre
su página de otoño.






A cal y canto



Todo es único en su forma.
Un hombre que medita un bosque
sigue el rastro de sus raíces
y… sabe contemplar a solas.

Vuelven las golondrinas
y ordenan en el aire
los escombros del cielo.

Los lirios y la luna
con su gris impreciso,
encumbran la tarde, cicatrizan recuerdos,
resucitan la luz.

Se reúne la lluvia y corre
donde limita el mar
con su magia extrema.

Porque todo vuelve, todo se reúne, todo cicatriza.
Un hombre que medita un continente
sabe cerrar su verso a cal y canto,
sabe perder a solas.

Porque nunca hay tardes perfectas
ni lugares desafortunados,
el día deriva sus horas
sobre el trazo del destino
y algo sucede.

  


(Este poema se puede leer de arriba hacia abajo y de abajo hacia arriba)







Tomás Soler Borja




La mujer azul


“Hay un solo pensamiento que basta para matarme:
estuve bien, sano, despierto...
paseando con ella; y ahora...”
John Keats



La vida con los ojos ahí mismo
en la inmensidad.
Viendo pasar barcos y más barcos.
Siempre en idéntico horizonte
aun con distintos rumbos.
Alguno dejó ramas de olivo.
Otros ni viento.
Una vida de esfuerzo y salitres
mordiendo la piel.
Estas mismas pupilas
aguardando en horas oscuras
y días de temporal
a la mujer azul.
Yo que he escuchado en el rugir de las olas
en el latido de la noche cerrada
sus cantos de sirena
aquellas promesas sin tiempo.
Yo y mis sueños por la borda.
Mi sed de libertad
y la realidad del penúltimo poema.






Demonios


“Sólo los cobardes atacan a los muertos”


Carlos Marzal

Los días que menos me quiero
son aquellos
en los que me miro
con vuestros ojos.
Y entonces comprendo
eso que tanto me pregunto.
He de apartar la mirada
bajar los párpados
no detenerme en esos instantes
y aguardar distinta luz
en mejores espejos.







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Poemas Grito de Mujer 2017 Puerto Rico





Zulma Quiñones Senati



Juguemos a las escondidas



En la oscuridad los dedos ven.
Recorren con premura la piel.
Se posan y se elevan, se elevan
para volverse a posar.
Con hambre hurgan, encuentran lugares,
oasis ocultos bajo las frazadas.
Calman su sed. Se calientan como cerillos.
Obedecen a la carne y sus delirios.
Juegan un juego novedoso, insospechado.
Despiertan la flor que dormita.
Hay un potro que recorre sin frenos los prados.
Una mariposa cuyo rumbo se ha extraviado.
Parece que lleva el vuelo truncado.
Sus alas caen sobre el río de lava que se ha incendiado.
̶ Mañana jugaremos más −dice papá cansado −.
Cuando se duerma mamita volveremos a encontrarnos.
Se quiebra la niña que me habita.
¿Cuántas más se romperán antes de que amanezca?
Un grito se le atasca en la garganta.
Resuena el grito en la alcoba.
Resuena el grito en las ventanas.
Resuena el grito en el viento.
Resuena el grito en la distancia.
Resuena el grito en la esperanza.
¡Resuena, resuena, resuena!









Mildred De Santiago Serrano




Con los sentidos en pausa



“su mirada no tenía punto
de apoyo en la distancia”
Este inusitado valor, Fania J. Herrera



Los sentidos se le ordenaron temprano.
El golpe a la puerta y el asqueante olor
con que anestesió su incipiente adolescencia
fueron suficientemente contundentes.

Como fiera cercada afinó la niña oídos y olfato.
El dolor selló, guardó el temor, pero el rencor
lo arrinconó en larga pausa.

La bella faz se le tiznó de una neutral cualidad.
Aquel cejo indolente asaltaba mi sueño.
¡Yo, que congelé el corazón,
de cara otra vez ante el implacable asalto!


Un santo día, tirado en el vil camastro,
la hemorragia se encargó de romperle.
Me acerqué breve para mirarle de frente,
fue la primera vez desde que recordara.

Le incliné la botella y sorbió torpemente.
Y si en su último trago excusara el incesto,
me confieso culpable de apresurarle el paso.

Mi hermana y yo quemamos el colchón
rociado de mirra e incienso.













Gadiel Concepción (16 años)




Dolor no es amor




Ciego amor que desalienta.
Compone el mal de vil deterioros.
Hablo de esas uniones violentas.
De cerca, desastres. De lejos, tesoros.

¿Prefieres ahogarte fielmente en tus lágrimas?
¿Prefieres ser conforme a las lástimas?
¿O puedes ponerte de pie y hacer
de las más recientes penas las últimas?

"No vuelve a pasar. Te lo prometo"
No sigas cayendo ante ese libreto
Sea mil perdones o una amenaza,
no te dejes faltar el respeto
Tal vez sea una situación de cristal
con un deficiente apoyo legal,
pero real son las palabras que hieren
No son una obra ni un musical
La sumisión puede ser mortal


El amor no siempre resulta mutuo.
A veces hay que descartar reconcilio,
Y aunque es valiente autodefenderse,
también hay que pedir auxilio.

El machismo no tiene lugar en la mesa.
¡Despierta y comienza tu rebelión!
No dejes que el miedo a luchar te venza.
Aquí la defensa, es tomar acción.














Jeanette Rodríguez Colón




Ella en los espejos


“Somos nuestra memoria, somos ese quimérico museo de formas inconstantes,
ese montón de espejos rotos”.
Jorge Luis Borges





Levantó su mirada y se sintió perdida,
en la niebla, en las horas,
en el crepúsculo lejano e intranquilo.

Se contempló en el golpe, en las palabras dichas como
espadas,
en las cenizas del hogar.

Resurgió del grito despiadado,
del misterio recurrente.

Ya no iba a quebrarse en amaneceres inesperados,
solo despertó en rebeldía y suspiros,
en fuerzas y en distancias.


Volvió a ser la niña creada de espejos y de realidades.
De incomprensiones y guerras se formó.

Se desvistió frente al espejo y se desnudó de sociedad,
de imposiciones dañinas. Se sintió mujer de verdad,
mujer con alma, viento y raíces.

Mujer con sueños, con defensas, con instantes.
Mujer de retiros y destituciones.

Qué es el día sino luces que encienden y apagan en el interior,
más que memorias de cristal, de sangre y reconstrucciones.

No podrá con las cadenas, pero será valiente
entre mares y horizontes,
entre orillas.
Solamente entre espacios indefinidos.








 
Nora Cruz Roque




Grito de Libertad



¡Libertad! ¡Libertad!
Los seres santos gritan por su libertad
Son seres que han sido tocados, dañados, enfermados
¡Libertad! ¡Libertad!
Es así como gritan, como lloran, como gimen en silencio
Exigimos libertad
Por nuestras manos atadas
Por la opresión que esta sociedad nos ofrece
¡Libertad! ¡Libertad!
Es el grito que brota también de mi pecho herido
Las niñas exigen libertad
Porque son puras
Porque tienen santidad
Porque sus cuerpos son sacros a la maternidad
Porque son santuarios de vida universal
¡Libertad! ¡Libertad!
Desatemos sus manos, sus cuerpos y sus sueños
Desatemos su historia distorsionada
Los nudos del pensamiento malvado, que las daña y
las hace impuras
¡Libertad! ¡Para nuestras niñas Libertad!
Son seres de libertad.











Cecilia Argüelles Ramos



Hoy solo quiero. . .



Hoy solo quiero...
Vaciar las venas, derramar, esparcir mi sangre
por las colinas del oscuro recuerdo,
desangrar la amarga desgracia
purgar tinieblas de mi cuerpo.

Arrancar la mirada para ya no ver más,
la siniestra sombra que me abraza,
que me empuja a las brasas del infierno,
que acaricia y quema mi rostro
y mancha a este ser con denuedo.

Callar al sonido para no escuchar más,
la aviesa, nefasta carcajada
que retumba en mi alma encarnada,
al violento, perpetuo silbido
que al infortunio me arrastra.

Cortar el camino para no pisar más,
el suelo espeso de filosas navajas
que profana mi esencia en alza.

Mudar la piel marcada,
cubrir con agua dulce y fresca
la aridez de mi seca alma,
envolver mi gélido río
con sanador y cálido abrigo.

Resurgir de las cenizas y escupir con llamas al pasado,
enterrar la atroz inmundicia,
purificar con luz mis años.

Ser y ser sin más: hervir, latir, vivir, mutar por mí y jamás dimitir.

Refulgir como fuego eterno
con un puño desde mis adentros,
y ser la flama luminosa
que dio muerte al encierro.















Jessika Reyes Serrano



Invisibles



Dedicado a los miles de niños y niñas migrantes del Mundo.

“Los ríos son rondas de niños
jugando a encontrarse en el mar.”
Gabriela Mistral




Voy a cruzar esa línea imaginaria
de la que nadie escapa.
Me arrastraré. Me mojaré.
Pasaré hambre. Pasaré sueño.
Me convertiré en una niña invisible.
Dejaré mi muñeca porque es lo único que se ve.

Voy a jugar a los buenos y a los malos.
Al ladrón y al policía.
A la princesa que espera un príncipe azul.
En todos los juegos seré invisible.

Voy a caminar mientras sueño
con un helado de chocolate;
con todos los dulces que me esperan en Disneylandia.
Allí hay disfraces.
Será fácil volverme invisible.

No sé si he llegado.
Aquí hay más niños.
Llevo días encerrada.
Nadie viene por mí.
No hay muñeca. No hay juguetes.
No hay dulces ni disfraces.
Creo que funcionó mi juego.
Creo que logré ser invisible.
Aunque prefiero volver a ser,
solo una niña.


















Mairym Cruz-Bernal



Los Estatutos de la Mujer

 (fragmento)


Quiero decretar absoluto respeto a ese jardín de la niñez que nunca tuve.
Quiero decretar la fuerza de nombrar como si nunca hubiéramos nombrado al cielo y al mar, la tierra y las estrellas. Porque de ahora en adelante los poetas regresarán de su exilio, y todo tendrá un nuevo nombre.

Quiero decretar que todas las mujeres son las madres de todos los hijos del mundo. Que nunca más habrá orfandad.

Que el pan es de todos, la tierra de todos, y todo hombre y mujer son mis hermanos, aunque ese hombre o esa mujer haya asesinado.

Quiero decretar que los árboles son también humanos, dejadlos en paz, quieren quedarse quietos.

Quiero decretar que nunca más un hombre usará su fuerza para someter a una mujer. De hoy en adelante el planeta será regido por el reino del amor, y solo las mujeres que son las que pueden concebir, pueden ordenar el árbol de la vida.
Quiero decretar que el Paraíso está en el punto culminante del orgasmo y que se les ha otorgado a todas las mujeres el poder multiorgásmico que un día cambiará el orden del universo.

Quiero decretar la abolición de todas las banderas.

Quiero decretar que los animales y los humanos tienen la misma importancia jerárquica que la rosa, y que bajo ninguna circunstancia la rosa estará encerrada en una copa de cristal.

Quiero decretar que los girasoles no tendrán que mirar al sol para encenderse y que habrá girasoles de todos los colores.

Quiero decretar por orden de todas las fuerzas del universo y de todas las galaxias más allá de la nuestra, que el mar devolverá a sus ahogados, y que el niño Aylan Kurdi jugará con Leo y con Thiago por los campos de mi isla libre de todos sus yugos.

Quiero decretar que jamás una mujer parirá con dolor.

Quiero decretar que hoy por fin seré feliz junto a todas mis hermanas.












Sarah Dalilah Cruz Ortiz (9 años)



Malala



(Ninfa Dalilah)
Las Musas Descalzas



Malala, eres luchadora de sueños.
Un dragón escupió plomo sobre tu cabeza
y peinó tu valentía.

¡TERROR-ISTA!
Guantes de miedo cubren la ignorancia
pues desconoce la fuerza de un libro.

Tu eco se oye en todo el mundo,
seremos tu voz y tú nuestra estrella.
¡Caminemos unidos por la educación para todas las niñas,
caminemos juntos para que no maltraten a la niñez,
caminemos en fraternidad para que no exploten a una niña más!

Y yo quiero igualdad, quiero vivir en paz y quiero tener una oportunidad.
Seremos gigantes al lado del enemigo.
Ganaremos la lucha
y vamos a lograr nuestro sueño.
Lucharemos contigo Malala
y defenderemos nuestros derechos
por una mejor humanidad.











Yeileemar Santana Miranda (15 años)



Me cansé



Sentí desde la distancia y cada milisegundo
mientras más se acercaba.
Quebró mi piel y, junto con ella, mi dignidad.
Me detuve y pensé.
¡Lo permití!

Permití que figurara en su cabeza el pensamiento
de que él era plenamente la figura de superioridad.
La firmeza de mi alma me hizo crecer.
La grandeza de mi ser me hizo imparable.
Escuchar con oído me hizo entender
que el corazón no se hizo para escuchar.
La inocencia ya no permitió que el incierto arrepentimiento
llegara por un momento de placer,
y luego se marchara dejando rasgada mi alma.

¡Yo nací para ser feliz!

Un hombre que no me haga feliz,
no merece permanecer en mi vida.


Mi dignidad vale más que palabras bonitas
que llegan con el fin de destruirme.

¡Me cansé!











José Ernesto Delgado Hernández




Me duele esta ciudad sombría



Me duele esta ciudad sombría
el silencio de cuerpos derrumbados
familias tristes
pálida inercia de ojos grises
por la sangre derramada…
Aquí hay un niño que llora su suerte
y los quejidos ya son ecos que se oyen a lo lejos
a lo lejos… en un zafacón.
Allí durmió esperando…
Me dueles, inocencia robada
por juegos que se pierden
en perversidad.
La ciudad
gigantesca masa de piedra
que se hunde en las venas
que se traga la vida
que se nos quiebra en las manos.
La muerte es fiesta de sicarios,
dedos sin freno en gatillo,
balas que rompen aire
sin conocer dirección.
Aquí vivo, en estas calles podridas
atestadas de cadáveres anónimos
niños huérfanos
madres atribuladas
y mujeres que…
(tras la caricia de un puño)
…agonizan.
Aquí vivo… Adriana, hija mía...
queriendo defenderte.









Tyffanie Cruz Colón (16 años)




Me preparo para volar



Intenté ser la mujer “sabia”,
aquella que no se saliera de su lugar.
Pero hoy soy rebelde, no hay que ser sumisa,
yo no me trago ese ideal.

Exhausta de la pistola que por boca tienes.
Tantas veces penetraste y rompiste tejidos de ilusión,
pero no, las palabras no se las lleva el viento.
Van haciendo en el corazón un socavón.

¡Oh Eterno Amor! ¡Qué falacia más grande!
Mentira desenmascarada por la verdad.
Necia yo, creí en ti.
  Tú que ni mis lágrimas podías secar.
¡Pero ya no! Ya me preparo para volar.

El amor no fue recíproco.
Tus intentos como un tiro de salva,
creaban mucho ruido, mucho suspenso.
Claramente, eran alertas falsas.

Simbólicamente acompañada,
con la luna llegaba la soledad.
Teniéndote a mi lado en la cama,
recordaba la caricia pesada sin piedad.



“¡No lavaste mis prendas, esta comida no da pa’ más!”.
Calla, no quiero oír más, conmigo te equivocaste
perdiste a quien juraste eterno amor,
No perdono. No quiero. No vuelvo atrás.












Yolanda López López




Mi niña…



Me inclino ante ti de rodillas…
¡Pídeme! ¡Exígeme!
con el llanto de infante desde tus ojos sesgados,
que te libre de la muerte por ser niña.

¡Pídeme! ¡Exígeme!
con esa faz morena que luce un pequeño sol sobre tu frente,
que te libre del sacrificio por nacer muy tarde.

¡Pídeme! ¡Exígeme!
desde las arenas del desierto hasta las puntas
de Machu Pichu,
que detenga la mano de aquel que te casa cuando eres apenas una niña.
No guardes silencio,
separa de tus ojos las trenzas apretadas
mírame desde el brillo de tu piel negra y
¡Pídeme! ¡Exígeme!
que no se levante navaja para rasgar tu flor de fruición.
.
Niña de todas las razas,
¡Pídeme! ¡Exígeme!,
que te bautice de letras, de fuerza y de carácter
para que puedas detener cualquier afrenta y entonces,
libre, camines hacia todas tus metas.









Walberto Vázquez




Mientras ella dejaba desabrigados sus zapatos



Sin ritmo y sin viento
comencé a ver los relojes sin agujas
el agua del mar la sentía sin sal
la arena sin huellas de gaviota
el invierno se desplomó en agosto
y en enero salió la primavera.

No sé
si puedas oírme al otro lado
qué forma tendrás
lo que sí sé
es que te llevaste las manos
dónde se paraban las mariposas
las que limpiaban tu cara curtida de miedo

Mientras ella dejaba desabrigados sus zapatos
recordaba cuando jugábamos a esconder
y era preferible aguantar la inocencia
para no delatar el lugar y una bala nos atravesara
dejando el lugar desprovisto de risas.

Pero todo baila y todo vuela
porque te acompañan flores sin tierra
y te sostienen en mis
letras en estas alas de papel
que vuelan en alguna parte rota
cargadas por el viento y sus misterios.









Lynette Mabel Pérez Villanueva



Muñeca de cuerda



Mis ojitos se cierran cuando él lo ordena,
soy una de esas muñequitas de resorte,
de esas que son lanzadas al menor contacto,
salgo de mi caja de un solo golpe,
un golpe fuerte, de esos que hacen daño,
sonrío como esas payasitas traviesas,
a veces el mecanismo se descompone,
cuando eso pasa hay secuelas terribles,
el juguetero hurga muy dentro de mí,
allá dentro de mis interioridades,
quiere arreglar los desperfectos, los fallos,
es perfeccionista el juguetero, lo es mucho,
y como las muñequitas solo hablan el idioma
de la porcelana no hay comunicación alguna,
una herramienta penetra en lo más íntimo,
no hay piedad alguna para la frágil porcelana,
parecería que se quiebra con cada golpecito,
pero qué tonta, el juguetero solo busca arreglarla.







Idalisse Colón Ferrer





Niña



Y vi una niña
sentada junto a otra
que estaba dentro de un coche
en la mesa de un fast food
la acompañaba una mujer
con cara llena de malos ratos
y mirada que eclipsaba cortesías
pero la niña estaba seria, muy seria
concentrada en la tarea
de darle de comer a la menor
agua, jugo de china y pedacitos de papas fritas
que minutos atrás había comprado
con dinero que tenía en los bolsillos
de su pantalón azul
no tenía juegos, muñecas, ni celular
cuenta en Instagram, o amistades en la red
jugaba a ser quien cuida, llenando su crucigrama
de responsabilidades unilaterales
jugaba a estirar el dinero hasta donde alcance
a ser quien empuja el coche
consuela el llanto y amortigua el hastío
jugaba a las adivinanzas
esperando con ansias descifrar
el día en que también podrá jugar
a ser niña.













Isabel Caballer Correa





Niñas



En el bosque no hay duendes.
Sólo niñas humanas
que corren con los lobos
que más bien parecen perros.
Tienen miedo, mucho miedo
que más bien parece horror
de tener que abandonar la vida verde
por la mordida gris de una ciudad.
Dejar atrás la realidad de pies de fango
para tener sueños-pesadillas
calzados en zapatillas de cristal.
Tener que guardar
los gritos de sus gargantas en un cofre
que los convierta en susurros
o en el espanto de un silencio
de quien no tiene voz para opinar.

Las niñas del bosque no tienen alas
porque saben trepar monte.
Las alas son para las hadas que no existen
o para las aves de colores que sí están.
Las niñas son de tierra,
son de fuego
y son de agua
y como único aire defienden su libertad.
















Celia Altschuler





Para ti Mujer



Tú y yo Evas del mundo...
fruto prohibido de la ignorancia
ante la mirada de un mundo
que nos señala por ser mujer
Seguimos...
cabalgando cual Amazonas
en la espesura de la maleza
caminando entre las brasas
candentes del dogma religioso

Tu y yo las Brujas de otros tiempos
quemadas en la hoguera del exilio
calumniadas por nuestro género
de inmolada desobediencia.

Tu y yo en busca de caminos libres
senderos de emancipada naturaleza
Sol naciente de dulzura y fortaleza maternal
Hoy celebramos a Hipatia de Alejandría
a Antígona, a Afrodita, a Diana la cazadora
a Juana de Arco, a Simone de Beauvoir,
a Marie Curie, a Mariana Bracetti, a Clara Lair ...
a Julia de Burgos y a todas las mujeres
en su breve paso por la vida
Mujeres que eran, son y serán ...
un cúmulo de letras que abrazan versos
para la creación de un mundo mejor,
en este Planeta, llamado Tierra


















Josefa María Pabón Rodríguez




Poema para una niña valiente




esos ojos intensos abiertos
esos ojos concentrados brillantes
esos ojos de ocho años
¡ay, niña!
tu mirar detiene el acoso
miras con dureza
miras con coraje
coraje que grita
¡déjame en paz!

esa voz sin nudos
esa voz viva vibrante
esa voz retumbante
¡ay, niña!
no es sumisa tu voz
no es a medias tu voz
frente al acoso truena tu voz
¡te dije que me dejes en paz!

tu cuerpo crece y se separa
tu movimiento es como tu palabra y tu mirar
tus brazos crean un campo de furia
¡ay, niña!
tu grito no es un juego
el niño lo sabe ya
se queda en su espacio
¡sí, déjame en paz!
















María de los Ángeles Camacho





Se buscan las niñas de mi patria




Se buscan las niñas de mi patria
edad desconocida
calzan tacones
uñas postizas
usan escotes
los labios se pintan.

No tienen lindas muñecas
juegan a ser misses
o famosas divas.

Yo tengo una niña guardadita
en los juegos de acertijos y adivinanzas
en las sandalias nuevas para ir a la plaza
en el verano de primos y charca.

Bordemos vestidos con mariposas
pintemos casitas soñadas
para las niñas que volverán a cantar
su perfumada flor primaveral.











Magaly Quiñones




Soy Mujer


No escribo fantasías, ni creo en los cuentos de hadas.
En mi vida, no hay ogros convertidos en príncipes azules…,
ni rencores eternos, ni castillos de escarcha.

A mí, nadie me espera en la cocina;
y no nací amarrada a un delantal
-como pretenden muchos-.
¡SOY mujer, soy mestiza, caribeña es isleña,
a mucho orgullo!
Y no soy, ni seré, muñequita de loza
o Barbie trasnochada, aunque así me lo exijan.

Suelo ser madre, amiga, colega, compañera,
amante, hija, hermana….
Y, no es cuento de hadas.
Canto, vibro, transpiro, amo a aquel que me ama,
¡y hoy celebro la Vida y la Esperanza!












Milton A. Curcio Colón





Talita cumi




A ti te digo mi Niña, levántate,
luce tu dignidad, sácale lustre,
que tu belleza y tu valor no está en la imagen,
sino en la realidad de toda tu persona.
Por eso acrisola cada preciado momento,
goza ahora que eres niña, que mujer serás ya luego
y vendrán nuevas batallas, y llegarán nuevos retos.
A ti te digo mi Niña sacúdete ese espejismo
de esas divas de carteles, que tú no eres mercancía
para que contigo jueguen.
Por eso no te avergüences de cultivar la pureza
pues te luce como lirio y te hace ver más completa.
Desarrolla tu intelecto y tus dones y talentos,
estudia, canta, pinta y baila, aspira a romper algún record,
y expresa tus fantasías, escribe un libro de cuentos.
Por último, te propongo a una excelente modelo,
averigua y “gugulea” sobre Edith Stein la judía,
la atea y la enfermera, filósofa y pedagoga,
la mística y la escritora de algo pasado de moda,
el amor por la Verdad.
Levántate y ponte lista, mi Niña un día Mujer,
que este mundo necesita más mujeres y más niñas
con su temple y su carisma,
solidarias entre ustedes, con toda la humanidad,
solidarias entre ustedes, con toda la humanidad.









Nanim Rekacz




Versos urgentes, armas libertarias




No existe alegato que demuestre
el derecho inhumano del adulto sobre la criatura,
del macho sobre la hembra.
Sin embargo, muchos (demasiados) se empeñan
en la continuidad del abuso y el prejuicio.

En nombre de ningún dios, con ninguna autoridad,
ni basados en antiguos libros o nuevos códigos,
es justificable convertir a una niña en esposa,
transformarla en esclava, mutilar sus genitales,
doblegarla sobre el surco o en la profundidad de una mina,
condenarla a un taller clandestino o a una fábrica,
prohibirle los libros,
la libertad de ser, el juego, impedirle elegir.

No hay argumento válido para apartarla de su familia
y su tierra, usarla de escudo o explosivo,
obligarla a migrar, al hambre, a la sed,
bombardear su hogar, cercenarle los sueños.


Los poetas podemos apalabrar el silencio y la infamia,
y en forma simultánea y consistente
activar el cambio imprescindible con acciones.

Podemos y debemos.










Iris Violeta Pujols






Vestida de Novia



Vestida de novia
en un disfraz que no entiende
recorre un camino de dolor
donde pierde la inocencia,
la infancia y hasta la vida.

Vergonzoso silencio…

Venta de un padre que viste de miseria
la vida de una niña arrojada al abismo.
¿Ellas qué? Nada importa.
¡Mírala!

¿No ves que aún
lleva de la mano las muñecas?
Que le gusta correr, jugar
y rasparse las rodillas.
Que sólo mira con deseos las golosinas.

¿Qué clase de hombre eres?
Arrancas la inocencia de su piel.
¿No te importa el susto atrapado en su mirada?
¿No oyes el grito de dolor que emerge
de sus entrañas?

Mal interpretada historia
la de Aisha y Mahoma.

¿Qué nos queda?
Denunciar el horror que atrapa la inocencia
















Lourdes M Collazo Algarín




Voy a ser famosa




Solo doce años y me vendieron mis padres,
aquellos llamados a protegerme, a abrigarme,
del fuerte, del consumidor de carne,
del dolor, de los mercaderes de almas,
de la complicidad con los autores del tráfico,
de los que aborrecen la esclavitud
y sin embargo me convirtieron en esclava.
Me llevaron a donde no quería,
retrataron mi piel desnuda y violada
por un mendrugo de pan,
porque somos ilegales, porque soy auto,
soy ropa, soy la comida que se sirve
sobre la mesa de fino mantel,
porque soy la promesa de entrada, de salida a otro mundo,
pero voy a ser famosa, mis padres me lo dijeron.
Mi casa se volvió un burdel, un juego infantil con mi sexualidad.
Mi habitación ha sido decorada con gemas,
con un tul traslúcido, con los colores de la intimidad.
Voy a ser famosa, con tan solo doce años,
ya mi cuerpo ha sido visto por muchos,
tengo miles de seguidores en Internet
que han visto cómo se va abriendo mi piel,
flor deshojada, eso también ven mis padres
mientras me traen regalos que calman su conciencia.
Les compraron autos nuevos y sonríen complacidos
mientras disfrutan de su casa remodelada,
soy su heroína, con mi cuerpo pagué el precio.
¡Qué más puedo pedir!  Soy la promesa de libertad.
Dicen que me están explotando, que soy parte de la trata,
pero no, voy a ser famosa y eso me basta.
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Poemas Grito de Mujer 2017 Badajoz España





Antonia Cerrato Martín-Romo




Té Blanco, Agujas De Plata



Las nubes viajan desnudas

las nubes viajan a solas

vienen cantando la nubes

tristes canciones de bodas.

Luce flor de té la niña

que huye como paloma

de un basilisco, marido,

que sus derechos destroza.

Desde ese balcón del miedo

hace el villano la ronda

y compra con vil metal

el vuelo azul de la alondra.

A la deriva, su infancia

sin que nadie en su zozobra

quiera librarla del cepo

que injustas leyes apoyan.


Es tiempo que de la mesa

caiga el pan que soborna

dando a la aguja de plata

su dignidad de persona.

Sea para ti la luz

que entre los libros asoma.

¡Huya la mutilación…

Y LIBERTAD PARA TODAS!

Mira a lo lejos estos versos

tal nubes viajando solas;

vayamos, nefelibatas,

a conquistar otra aurora.









Clara Blázquez Jiménez




No Te Resignes, Mujer




Todo se escapa de mis dedos,

nada queda, soledad talada,

afán mullido y vergonzante,

espalda que agotará el verdugo,

puñal de acero, escoba de los vientos.

¡Qué terrible lienzo

nevado en desnudez!

Qué terrible cabeza desgajada

intentando sonrisas de fantasma.

¿Qué cuerpo tuyo, mujer,

hacía otra madrugada

de ese lecho sin cuerpo?

Qué estrella captará,

dentro de siglos

la luz enmudecida

de ese desierto negro?


Mediodía de sol que desmaya

sin haber existido.

Qué duró afán creador

no siendo ángel,

¡ni siquiera ángel caído!

Qué necio resignarse

a que la muerte sea final de algo

Que ni siquiera ha comenzado.











José Manuel Ferrera Boza




Persecución, África Cristiana




Bajo las ramas de una Acacia sin hojas

Como tres espadas clavadas en la tierra

Tres negras cruces señalaban

¡El horror de la guerra!

A la orilla del río,

entre cocodrilos, serpiente y anacondas

cantaban alegres las niñas.

¡Llenaban con agua sus vasijas de barro!

Precavidas,

sabiendo peligrosa las orillas...

Pero no fueron las temidas fieras

las que devoraron y mutilaron sus cuerpos,

piel de aceituna y seda…

Tres madres de luto con sus rezos,

lágrimas de sal y el corazón temblando.

Los brazos en cruz hacia arriba

y los ojos, con la mirada perdida

en una nube negra que pasaba

¡Cómo lloraban, madre, cómo lloraban!

No pudo el cielo caridad alguna,

evitar el desastre,

¡fue certero el cuchillo!

¡La violencia veloz de aquellos salvajes!…

Bajo las ramas de una Acacia sin hojas,

de aquel invierno seco…

¡Tres cruces clavadas en la tierra!

Lloraba cada madre, con su duelo.










Julita de la Cruz Otero




Ocho Años, Solo



¡Que no quiero, madre! ¡Que no quiero....!

salir de mi propia casa

y quedarme sin tus besos.

Descansando en tu regazo

acurrucada en tu pecho

que no me lleve el tirano,

viejo rijoso y sin pelo.

Que no me venda mi padre

cómplice de este convenio

por unos pocos reales

profanando así mi cuerpo,

mi cuerpo y mi alma entera

aniquilando mis sueños.

¡Que no! ¡Que no quiero madre!

que todavía soy niña

que sigo yendo al colegio

que sólo son ocho años

y juego con los muñecos.

¡Que no, madre, que no!!!!!

que es un viejo y es muy feo

que me sueño por las noches

y siempre le tengo miedo.

Y....me va a hacer mucho daño....

¡Madre!, ¡Madre.....!!!!!

no me seas consentidora,

¡sálvame de este tormento!!!!!










José-Félix Sánchez-Satrústegui




La sonrisa de la muñeca



Una muñeca de expresión sonámbula y atuendo rosa apático, arrinconada en el desaire de un destino prematuro y glacial, observa a la niña, con la que jugueteaba en una nube polícroma hace apenas un instante, alejarse a deshora hacia el lugar donde la inhumana tradición de los humanos convierte las ilusiones en pesadillas.


La sonrisa de ambas queda suspendida en el vacío a la espera de que el denso viento de la rutina role y la devuelva a su tiempo arrebatado.


La abandonan en un desierto insensible, donde los adultos, en manada, agüeran vilezas y arrían esperanzas. La flagelan con sus eventos trascendentes y se acostumbra a sufrir, mientras se abaten con furia sobre ella todas las tempestades que arrugan la piel, arrodillan la mirada y enmohecen el alma. Se pregunta entre sollozos, sin comprender, por qué son importantes las cosas importantes de los adultos.


En el obligado exilio al anacronismo, donde se cruza con muchas otras víctimas, sueña con volver a soñar. Se le aparece una imagen borrosa, que cree reconocer, a la que los susurros que la rodean llaman Libertad, como ella, a la vez paradoja y deseo. En el espejismo, la reclama con gesto dulce. Ven, le sugiere, estirando el brazo.



Las cadenas se van desmoronando al ritmo de la música de los poetas, que acuden desde todos los rincones de la literatura; otros artistas, cargados de acuarelas, óleos y esculturas, llegan desde el nacedero de los colores para quebrar el silencio gris. Alguien canta, y su voz alienta una danza que pisotea la tierra donde se hallaban enterradas las palabras, que así renacen.


La muñeca, su muñeca, con mirada extática, le dedica una sonrisa cómplice que derrota aquel lugar dominado por los gritos de dolor, los silencios cobardes y las rimas disonantes. Le advierte a su niña al oído: “Libertad, este cuento queda abierto hasta que encontremos un final feliz”. La niña asiente y ambas ríen. A la noche inacabable, acomodada en la inercia, la recorre esa sonrisa contagiosa que insiste en derogar la crueldad de la costumbre y trae olor a amaneceres.














Rosa María Perona Timón






Nadie sabe



Qué sabe nadie

de mis largas noches sin luna,

de mis largos días sin luz.

De las lágrimas que me he tragado,

del dolor profundo de mis heridas,

de mis profundas soledades.

Qué sabe nadie

de mis tristes noches sin sueños,

de mis desvelos.

Donde perdida entre tinieblas,

buscaba caminos de olores frescos,

y sólo encontraba grandes vacíos

viejos y secos.

Qué sabe nadie

de mis angustias, de mis silencios.

De las ilusiones que la vida me ha robado.

De los seres más cercanos,

que la traicionera muerte,

se los fue llevando.



De las cosas que viví, sin quererlas vivir,

porque yo no las elegí, me tocaron.

Qué sabe nadie

de mis llantos,

de mis miedos,

de mis risas,

de mis ensueños.

De mis viajes por los tiempos,

tiempo pasado,

tiempo presente,

tiempo.

¿Qué sabe nadie?













José Luis Labad Martínez




Un grito de rabia

(Mi niña buena, mi niña)




Pequeña niña de ojos azules

que miran al cielo y suspiran

pensando en su muñeca de trapo

olvidada en algún lugar sobre el barro

o entre las montañas de escombros

que hoy cubren con tristeza la tierra.

Lucero del alba que dormita en el fango

cuando la luna se enturbia

ante el aullido del lobo hambriento

y las canciones convulsionadas

de sangre, hambre y miseria

que se desatan en la noche

como bramidos endiablados,

como terribles zarpazos

que envuelven los cantos

como condenas cadenciosas

que cubren sus tercos pesares

y llenan de tierra los ojos.

Niñas que son madres,

madres que nunca han sido niñas;

llantos que revolotean temblorosos

entre la rabia y la pena,

entre el querer y el no poder vivir,

entre el frío y la amargura

de perecer sin saber de qué.

Y en el fondo de esa fotografía

que cae en nuestras ennegrecidas manos,

está mi niña, mi niña buena.

Manos que se agarrotan

al oír una y otra vez

el estruendo de las bombas

caer a nuestro paso.

Y tal vez por algún motivo lejano

que desconocemos,

que no entendemos;

está ella, inerte en esa fotografía,

era mi niña buena,

mi niña menuda,


mi niña frágil y despeinada,

sin aliento y sin vida

pero mirando al cielo

con sus ojitos de pena

y recordando entre las lágrimas secas,

a su muñeca perdida, a su muñeca querida,

que duerme en aquella brecha,

en aquel mísero estercolero,

aquél, que un día fue su casa llena de vida

y que hoy se funde entre las lágrimas

y los estertores que claman al viento

por una paz que no nos llega,

que siempre nos niegan.

Deleznable desdén que nos vomita

el fuego despiadado de la parca

que entre llantos y condenas

nos visita de nuevo como cada atardecer.

Y entre todo aquel horror,

ahora yace mi niña,

mi niña buena,

la niña de mis delirios,

con una sonrisa tierna,

con su carita llena de sangre

y con las manos abiertas

pidiendo clemencia

y mirando hacia el cielo.

Allí se encuentra mi niña,

tirada en el suelo y sin vida,

con su carita de querubín

y su muñeca en los brazos,

mi niña, mi niña, mi niña buena,

allí se encuentra mi niña,

mi niña buena.
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Grito de Mujer 2017 Macedonia




POEMS from  Macedonia, edited by Olivera Docevska & Elena Prendjova





PRECIOUS PEARLS


Like precious pearls
hidden in shells
yearning for pure love
for kindness and for tenderness
shines in girls’ souls.

These young and innocent souls
sail in their dreams
flying to their joys
carried on swan’s wings.

Do not trample over the budding
blossom of girlhood
do not throw a black veil
over the unspoiled youth.



By Dragica Najceska, translated by Marija Jones 




You have noticed him at a party



You have noticed him at a party, at a family gathering
At a table or in a living room, acsoss your side or next to you,
When all the youngsters and the elders
Are gathered by a good reason,
Quite often across yor side,
Under an electric light or on a daylight
You have seen him
Through the reflection of the house’s porcelain
Arranged especially for that occasion
Oh, dear me, it glitters!
His lightning glances and shrieks
Silent sighs and flatterings,
As he reaches for the glass, for the meze, while he’s champing
Foam at the mouth
Insatiable desire to grab a young flesh
Dancing around him
Unaware of its splendour and arisen young nature,
Ignorant of the filth of the comming life!
So,the young chick has a long silver hair
and warm cheeks, and is very shy,
Filling his cup aloof,
Because that’s the habit here, of the houshold! Oh, dear me, oh! A housholder’s habit.
You have seen him as he moans, oh dear me, lurking under the table
He touches himself and you get the urge to flay his skin
And you can see his lusty eyes,
And he’s drooling like a mad hound
On a short leash,
Bitting his teeth outthose young wings,
A roasted chicken,
Watching his lewd fantasies
Around the plate and the folded napkin
And you’re disgusted with it, oh dear, so disgusted
As he thrusts his tongue to around,
To her frailty
While all the other guests are keeping their interest on the probity of housholder’s wife and his kindness.
You have met him on gatherings, you have sat next to him!
Oh dear! You are quite confident
That your fantasy in the domain of lechery and instinct
Is not as potent
As he can perform in reality
Only if he could have the chance,
With that vicious, lascivious, filthy desire,
That repulsive bitch,
He is carrying around in his pocket
And gushung forth
Oh dear! Only if she could touch him, only to touch him
Oh dear! Oh! See him fantasize, oh, bustard, dear me, oh!
The life of the family party
And you get the urge to flay his skin
As he shouts out a seemingly naive vulgar joke
You follow the eyes of the confused chick like a cop
And you see she is not clear what the heck is going on here!
I am just another old and plucked chicken to him and there’s no use of my pointing my eyes to him as with a knife
And what could I possibly do, my God,
The simpleminded relatives will crusify me, for I’m seeing things, allegedly
But, of course, he is such a good man, a parent, a father...
It’s irrelevant to him
A niece, a next door girl, a daughter,
He places them under the same tag,
We are such a low impudent society
We go on all eyes blind before these scenes,
As if this happens only to someone else...
And not here and not now, and not that way
But it is right here and it is right now, and surely it is exactly in this manner...
You have met him at a family gathering,
At some family party,
He must have sat next to you, oh! Bustard, my dear me, oh!
And the whole world stopped,
Realizing what damage “a man with a good soul” can do, how can cripple someone...
Just if he had a better chance to do it...
In flesh...
And now it’s just a play, a foreplay,
Oh! Bustard. Oh!
You have seen him at a party. At a family gathering! He is sitting across your side.


                By Cveta Koleva  ,                                         Translated by Trajche Bjadov







ROOM OF SILENCE


One more point on the wall!
In the hands flood of autumn fears.
In the home of two halves on the floor one blackeyed woman is silent
with blue heart in secret steps is waiting.
In late hour languishes one female desire.
Frightful blow from male hand sharpen
in cherry color
on her white and soft skin.
Compounding the present and future tenses!
Pain in backpack from wounds in the past!
She continues to seeking staircase out of the darkness.
In this world hatred blooms
with black and white line.


Marina Mijakovska, translated by the author
Macedonia







DOLL ON STRINGS


Walking down the blacktop
while wild rabbits are screaming in boiling water
slaughtered conspiracies
unrevealed words
at each step I take I inhale blood to live
I am laying down in the gush of bewildered flowers flowing in my hair
You and I
incalculable steps of the flesh
a city like any other city that we walked
and we did not know
and we did not know each other
when all those energies were fermenting but alive in the vertiginous water
from the tongues of the dead kites to tell us to tell you
I am here
I follow you from each airport gate
I know when I hear your name
it is a music with unknown rhythm
and I tremble from your gaze
and I lost my voice when you came to me
and my skin was becoming darker after each bewildered step of yours
my growing nipples my lips burning in the winter:

I knew we were one same city
one same shadow
one same rain
and the night before I met you I was crying like a child
in me I could hear screaming all the slaughtered animals
and I was growing shamelessly mute
wide open legs underneath you
a layer of fertile wheat in your overwhelming whispers
humbly perverse you arise above the eradicated palls of the purple passion.


By Natasha Sardzoska





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Trabajos Grito de Mujer 2017 Chiapas México

Poemas y textos leídos en Grito de Mujer 2017 Chiapas, México



(Tuxla Gtz)



Elda pérez Guzman



Elda Pèrez Guzmán, (Tuxtla Gutiérrez, Chiapas).Profesora Normalista (ICACH), Licenciada en Pedagogía (ENSCH), Licenciada en Letras latinoamericanas (UNACH) y posgrado en Maestría en Educación Superior (IPECH-S.E.). Experiencia docente en Educación Especial y UPN- unidad 071, donde es asesora académica, coordinadora de Difusión y Extensión y responsable de publicaciones. Poeta, narradora, ensayista, investigadora de Literatura infantil.



En el ocaso de la muerte



Declina el sol

en el ocaso sanguinario de la muerte

y la montaña mira detrás de la frontera

nubarrones de humo y de silencio

mientras crece la Hidra y su veneno.

A donde vaya Sara o Elena

la Hidra puede arrancar

su candorosa risa y convertirse

en doloroso sueño.

En tiempos sombríos

los dioses duermen

mientras el malhechor

se pone la capucha y afila su cuchillo

¿Qué cuerpo en plena primavera

dejará de ser lirio o azucena?

¿Bajo qué lápida quedará

sepultada su fragancia?

En vano crecen hierbas bondadosas

pero ninguna hierba

puede curar tantas heridas,

vivimos en el dolor del medio día

apaciguando el tiempo en las rodillas

esperando que vuelva María,Sara, Elena… ;

esperando que decline el día

vuelva su risa

su caminar tranquilo

pero los días pasan

y llega el terror con los rumores.



La tortura empieza haciendo espasmos en el alma

entre rasgaduras de vestidos

y la señal de que era ella

por las zapatillas rojas

y el mechón rubio de pelo.






Ataviada




No me arranques las alas

rompe las ataduras de mis brazos,

desamarra ya

cada uno de mis dedos,

que termine el conjuro

y la maldición de los Adanes.

Te devuelvo los huesos de tu costado.

Nací árbol fértil

para parir Evas y Adanes.

Soy raíz y sombra

En mi ombligo

tú ahora estás atado,

prendido de mi vientre,

eclipsado en mis pechos

que alumbran tu camino.


Ya no seré más tu paraíso

tu Eva esclavizada.

Soy la mujer que ofrece lunas.

Las manzanas quedaron en tu huerto

en la tentación de la carne y el deseo


Eros está muriendo

porque el placer ahora sólo eso

instinto y sexo.






Que no termine la esperanza


A Nadia Vera



Que no terminen de florecer las margaritas

en el asfalto y la montaña,

que sus raíces se extiendan

que no se convierta en polvo y olvido.


Que dancen las palabras sobre el llanto

en el umbral del grito rebelde y doloroso.

La tierra es un puño de polvo

sobre la madre patria;

ya no hay regazo, ni cobijo.


Desde hace tiempo

la orfandad se metió a mi casa

arrancó de mis manos el pedazo de sol

que alumbraba esperanzas.


La casa es triste y fría,

ya no ríen las niñas

ni bailan los muchachos,

nació el desamparo y el silencio

mientras crece la desconfianza,

la indolencia que corrompe todo sueño

donde habita el olvido.








Yolanda Molina Quiñones




Yolanda Molina Quiñones.- Poeta y pintora oriunda de Tuxtla Gutiérrez, Chiapas. Obtuvo el primer lugar con la obra pictórica “paisaje de Tuxtla”, en la Feria Internacional de Tapachula Chiapas 1965. Su obra poética ha sido publicada en 13 antologías, SECH, Congreso del Estado, CONECULTA, UVG. Revista “canto sin Fronteras” del 1 al 4 CONECULTA Chiapas. Poemarios individuales: “desde entonces soy otra” UNICAH 2009, “ A qué seguir buscando paraísos” CONECULTA Chiapas 2015 y “La palabra incendiada” Ayuntamiento de Tuxtla Gutiérrez, Chiapas 2015. El canta autor Gustavo Manuel Clemente Tovilla le musicalizó el Poema “vengo de algún lugar” del libro “desde entonces soy otra”. Recibe la presea en poesía Armando Duvalier 2016, otorgada por la AEPECH. Pertenece al Seminario de cultura Mexicana, AEPECH, Poetas del mundo, AMA internacional y Grupo literario Décima Musa.





Pesar de una noche de Julio




En el cielo de la tierra amada

no surcan victoriosas las palomas.

Desde la casa generosa de tus guías

conoces el lenguaje de las aves,

el ciclo de la siembra, de la lluvia,

cada piedra labrada

por tus antepasados

Brotaste del campo

La noche de amarga iniciación,

a ti, conocedora,

te vedaron el huerto.

Que pena, Señora, ver nuestra casa

presa de los bárbaros.





Encierro y Soledades
A Juana Inés





Sobre esta tierra oscura

Esplende tu palabra.

¿A dónde va la mirada de tristeza

de tu hermoso rostro?

¿El nudo del corazón que ata tu vida al claustro,

el frío que me hiere de tus pies descalzos

que la celda amordaza?

¿Por qué el desprendimiento?

para enterrar tus sueños en los muros

y ahogar voces los árboles del patio?

Soledad respiran las paredes,

soledad el agua de la noria,

soledad espeja tu mirada

y grito mi impotencia por tu encierro.






La muerte del ángel





Amarás a tu prójimo

como a tí mismo




Niña,

cómo pudieron darte dolor

y borrar tu sonrisa?

Qué sienten esas mente criminales

aplaudidas por otras, proclamando inocencia?

Madre del pueblo,

el dolor de María,

lo estás viviendo.

Incapaces, corruptos, los juzgadores

recibieron las 30 monedas

y rieron cómplices.

Ten fé señora,

la ley divina nada oculto permite.

Ten fé

madre del pueblo, amiga,

Hoy lagrimas derramas, impotente.

Los culpables mañana tendrán su merecido.








Margarita Aguilar




Margarita Aguilar Ruiz. Desde los años universitarios ha colaborado en grupos médicos y sociales para la respuesta al VIH/SIDA, como lo fue el programa UNIVER SIDA de su Facultad de Medicina en Chiapas. La tesis de grado fue una investigación sobre la percepción del riesgo de infectar al VIH en adolescentes rurales y urbanos. Ha colaborado en diversos cargos en la gerencia de organismos de apoyo y mitigacion del daño para personas viviendo con VIH/SIDA, como “Casa abierta para la lucha con el SIDA, a.c.” y “Abracemos a Tonala a.c. Ha trabajado por doce años como líder de programas estatales dirigidos a grupos vulnerables de Chiapas (Promoción de la salud, Unidad de Género y salud, Programa Estatal de Prevención y Control del VIH/SIDA y otras ITS, Programa de Prevención y Control de Tuberculosis y Lepra, entre otros). Ha escrito novelas sociales sobre el tema de los grupos vulnerables y el impacto de condiciones como el VIH/SIDA, la violencia de genero, la trata de personas, la inequidad social y la militarización entre otras; la mayoría se encuentran en la web: Con la fe erosionada, Rosas sin cáliz, Rosario… el rostro femenino del SIDA, La casa de los Cipreses… una mirada al mundo gay”, La Matriarca, etc. En este trayecto de vida ligado a la salud pública y a las emociones y sentimientos ha venido construyendo una propuesta dirigida para la prevención y la atención de los niños viviendo con VIH/SIDA, su propia maternidad y el reencuentro que esta etapa le ha permitido con su ser mujer y la niñez hacen que este proyecto sea un anhelo existencial por el cual trabajar y confortar los deseos de justicia social. Ella es la líder de la Fundación Nuestro Hogar en Chiapas, quien en su seno alberga personas de gran corazón y calidad moral y ética. Amigos personales de la Dra. Aguilar con quienes esta armando este rompecabezas de amor para dar mas amor a través de un servicio sin límites. Libros Publicados: Con La Fe Erosionada, Desarraigada, La Casa De Los Cipreses.






Por los olivos


(Dedicada a Chary Gumeta)





Ventisca de olivos

Entre arena inclemente,

rostros sedientos

acompasados de luna.

Así tenues y vivas

La llama de infantas

Susurrando justicia

Entre rezo y mezquitas.

Unamos las almas

La tinta cual arma

E incendiemos conciencias

Por esas tan niñas

Tan ellas

Tan nuestras.

Ventiscas de olivos

Entre arena inclemente.







Poesía del espacio interior




Inmensidad devorando misterios

Convocando mi rebelde humildad

Soy la nada entre el confín de tus olas celestes

Tú me enseñas a morirme de mí.

Cuando enfermo de arrebato y extraños suspiros

Cuando clamo “ por ques” y me busco sin mí

Acudo a ti, insaciable universo y comprendo la nada en mí.

Mensaje divino eterno

Que sacias la tortura del alma

El ocaso eterno en tu entraña, de estrellas, constelaciones y caminos

Me cimbra e inspira

Entiendo la minúscula vida y me rindo en la paz del estar

Inmensidad devorándolo todo

Las ansias, las culpas, los miedos

Llévate pronto los ruidos urbanos, desamores y búsquedas vanas

Soy la nada entre el confín de tus olas celestes

Tú me enseñas a morirme de mí.







Maria Guadalupe  Zepeda Chanona



María Guadalupe Zepeda Chanona, nació un 20 de septiembre de 1955 en la ciudad de Ocozocoautla de Espinosa, Chiapas, México, y actualmente radica en Tuxtla Gutièrrez, Chiapas, es autora de los libros “Reflexiones” y “Para ti”, publicados en los años 2007 y 2010, respectivamente.Es miembro activo de la Asociación Cultural “Dr. Rodulfo Figueroa y de la Asociación Civil Movimiento Ciudadano por la Cultura en la ocupa el cargo de Secretaria y ha participado en “Grito de Mujer” representado por la Poeta Chary Gumeta, así como en diferentes foros culturales.





Soy Mujer



Soy mujer de nacimiento soy la luz de mis anhelos, para escoger el camino a donde habré de llegar.

Mi cuerpo me pertenece, mi vida es tan sólo mía nadie tiene mi permiso para poderla cambiar.

Mi belleza es mi tesoro es la fuerza que me guía a lograr con mis esfuerzos, éxito y prosperidad.

Nadie que se diga humano tiene el derecho en su mano de llevarme a su arrabal para hacerme zozobrar.

Lo amonesto y lo sostengo, porque sé quién soy, también de dónde vengo, e inclusive, a dónde voy.







Arrebatas



Arrebatas mis sueños, el deseo infinito de ser libre, me despojas de mi voz y me transformas.

Soliviantas mi derecho, mis pasos ya no son míos y cual títere movido por las cuerdas, me manejas.

Me atas a tus bajos instintos, me sometes cual ave de feria,

tus pasiones me encadenan y cual jaguar me doblegas.

Me quitas de las manos mi albedrío a disfrutar, a ser yo misma, y por la acera, ¡libre caminar!






Mujer De Silencio




Soy mujer del silencio, lágrima suspendida esperando su tiempo. Nieve antes de invierno.

Soy caricia reprimida, flor que no abre enseguida, campana sin doblar y sonido que se pierde.

Soy esperanza atrapada en jaula con barrotes sutiles,

soy nube que no encuentra jardín para dejar su líquido.

Tormenta que amenaza trocada en lluvia fresca y vendaval que no arriba por falta de fuerza.




Natalia Pimentel



Estudiante de Lengua y literatura hispanoamericanas, 25 años de edad, Coiteca. Ha publicado en periódicos locales, y participado en diversos eventos organizados por la UNACH, así como en diversas plataformas culturales independientes. Amante de las letras y el azul.






Diosa




Mujer mística, fuerte y absoluta,

madre de la tierra y madre nuestra,

elixir sagrado de redención,

guerrera inmortal.

Tú la del canto infinito

que ha arrullado desde el principio,

la cuna de la humanidad.

Falsa Eva, poderosa chamana,

ser basto que reina la naturaleza y la posee,

hermosa bruja de sangre y vida.

Libérate del oscurantismo

y del padre y del hijo y del espíritu que te encadena,

tu eres el fin y el principio.

En ti creo.

Mujer de marcha valiente, que hizo un hogar del mundo,

que digna cuidó de sus crías eternas

y sabia resguarda los más profundos secretos del universo,

madre creadora del amor y la consciencia.

Creadora del fuego y la luz, sensual y sapiente.

Fértil soberana de todo.

Vengo aquí y te ruego madre, te ruego hija, de rodillas,

date cuenta, de tu sufrimiento y libérate,

y únete y rebélate,

porque somos tuyas todas

y todas somos nuestras.








Dolor nuestro




Amo a las mujeres desde su piel que es la mía.

A la que se rebela y forcejea con la pluma y la voz desenvainadas,

… A todas las amo y me felicito por ser de su especie.

-Gioconda Belli





Adolece la tierra los pasos de niña que no alcanzaste a dar,

y trepida y se estremece, por las inocentes sonrisas que de ti le faltan.

Los ojos ajenos, estos ojos,

lloran tus lágrimas y la indiferencia de tus costumbres.

Se indigna el corazón

que te sintió llorar en la distancia, y aquí tan cerca,

Cómo romper el muro arcaico que te cubre

y que ciega a tu familia y que embrutece al mejor postor,

que te rompe y te desgarra sin inmutarse,

forjado de violentas tradiciones,

y de esa inhumana cultura que justifica con sus hábitos la crueldad,

donde la indiferencia es la moneda por la que te cambian,

donde no se conoce la compasión y se olvida la inocencia.

Me lamento, nos lamentamos todas,

por ser parte tuya y parte nuestra,

te lanzo mi grito y te protesto aquí,

a ver si me oyes,

a ver si alcanzo a tocar un pétalo de tu flor que se marchita,

a ver si alcanzo a rozar la piedad de tus victimarios

disfrazados de “hombre de costumbres”.

Y me lamento, y te canto y te lloro,

pero como te devuelvo mujer, la niña que ya no te queda?

Que sirva este dolor, para que lo hagamos nuestro

y a quien escuche, dejarle en la mente la indignación

y esta protesta.




IIII

Las marcas de tus hombros desnudos




El tránsito de la vida cruel.

Se te nota el peso de los años responsando en la mirada,

y el dolor mismo camina sobre esos tus pasos

que no pudieron salir de las banquetas por la noche.

Las rojas luces sobre tu cabello, el rímel derramado por tus pómulos,

las mejillas pálidas y empolvadas,

los extravagantes tacones que se te encarnaron en los pies

después de tantas calles,

el vestido cada vez más corto

conforme avanza tu edad,

cada vez más carne que mostrar

para venderla a los lobos que aúllan

al pasar por tu esquina, tu esquina que antes fue un cuarto,

con olor a cárcel, a sexo y a whiskey barato.

Una esquina que te aprisiona, que te arrebató de tus padres,

que secuestró y para siempre tus sueños,

que te calló las ansias y que te perforó el espíritu.

Caminas con el alma a rastras

y se te fractura una de por sí mal lograda sonrisa,

cuentas tu historia por un cigarrillo, que sostienes temblorosamente,

no te ofrecí cariño, pero te lo doy sin que lo sepas.

No puedo salvarte, pero te acariciaré gentilmente

y te escribiré este canto

para que no puedan olvidarte. Porque existes,

existes entre muchas calles, de tantas ciudades,

eres real y fuiste niña e inocente,

y soñaste con cantar o con un amor decente.

Te jugó mal la vida, pero te asesinó la indiferencia,

te desgarró la lujuria y te condenó la injusticia.

La avaricia de tus verdugos, la crueldad de todas las manos

que te tocaron voluptuosamente en la oscuridad, te arrebataron la esperanza.

Y las gentes y las mismas luces aún titilando inmutables,

no me entienden, nadie te salva, ni me alcanza este llanto.








Sulma Jiménez




Sulma Jiménez nació en Sinaloa, una pequeña colonia del municipio de Frontera Comalapa, Chiapas, México, en 1988. Estudió la licenciatura en Comunicación. Un día tomo conciencia de su voluntad por la creación literaria. Así llegó a la poesía. "Dedico mi poesía a todas las mujeres del mundo, que emprenden nuevamente el vuelo, con todo y las heridas, a pesar de todo lo vivido."




I



Diviso en la primera esquina un espectacular

resquebrajado que me sirve de refugio.

No sé dejar de escuchar, pienso.

Desaparece el asfalto y se convierte todo

en un cauce sonoro;

percibo el lenguaje de los perros,

y el crujir de las láminas que piso;

cómo retiembla todo bruscamente en mi sien,

el aire trae un postergado y fúnebre silencio.

Levanto el vuelo.



II


No sé cuándo el cristal rompió tu mirada

oscureciendo tus ojos, destruyendo tu casa,

me di cuenta cuando enterraste a tu Dios,

y pusiste en entredicho tu fe y su existencia:

éramos dos niñas llorando al padre.

¡Yo estaba allí! Todo era silencio e incierto.

¿Por qué te quedas callada?, ¿Por qué no dices nada?

Íbamos de cabeza a no sé qué senda 

arrastradas por un camino de hormigas, 

tal vez a un exterminio de flores,

¡vayamos a correr a casa de la abuela!

Nuestros ojos disipaban en ninguna parte,

no sabía si estabas viva o muerta,

me conformaba con ver tu sombra al lado mío,

quizá para no sentirme sola


hasta que aprendimos a cargar con un féretro dentro de uno más grande.




III



Detesto la mirada frustrada,

la opacidad del ojo,

ver porqué se pierde el musgo entre la lluvia

y cómo inicia la guerra en uno mismo.

Pienso en todo eso,

¿De qué forma llegar sin extraviarse,

sin dejar la esencia en el camino,

sin destruir al otro?


Todo da vuelta,

regreso al punto de no tener respuesta

a esta ausencia compartida, visceral,

que nos hace ir en busca de lo desconocido,

siempre yendo a no sé dónde.







PARTICIPACION DE LAS NIÑAS






Elda Amaranta Gomez Perez (11 Años)




Yo soy Eldita tengo 11 años, soy una niña soñadora, curiosa y juguetona.

Suelo asombrarme cuando veo como juguetea el sol y se cuela por mi ventana, entra a mi cuarto y quiero atrapar su sombra que se mueve por toda mi habitación.

Lo mismo pasa con el sonido del viento, busco su voz y se me escapa.

Recuerdo que desde chiquita guardaba todo lo que encontraba en mi camino y siempre andaba cargando mil cosas, como lo que voy a enseñarte de mi mochila.

Mientras yo juego, me estremece el mundo cuando veo en la noticia que otras niñas en países del medio oriente, se están casando, ya tienen esposo, hijos y obligaciones.

¡Yo estoy en contra de los matrimonios infantiles!

Me da coraje y tristeza ver roto los sueños de esas niñas; ¡Que cambio tan brusco y violento!

¡Ay Larisa! Tú mi muñeca preferida la que abrazo muy fuerte cuando duermo, no podría cambiarte para cuidar un verdadero bebé.

¡Yo soy Eldita, y exijo se respeten los derechos de las niñas!, debemos ser felices, tener una familia que nos cuide y proteja, sin riesgos y adversidades.

Tenem os derecho de ir a la escuela, tener una educación digna y tomar nuestras propias decisiones en el tiempo correcto.

Vamos a romper con esta costumbre adjudicada a la cultura que trae tristeza en mi corazón de niña.






LEDA SOFIA GOMEZ PEREZ (11 AÑOS)


Y venía cayendo, cayendo,cayendo…
¿No tendría fondo aquel
Pozo?
Lewis Carol



Aventurarse al pozo de la imaginación, en el apasionante mundo del asombro y el juego, corresponde al maravilloso país de los niños.

Imaginar, pensar, soñar, correr, hablar, decidir…; forma parte de la naturaleza de ser niños y la libertad de comunicarnos.

Anteriormente la infancia era considerada como un estorbo en el siglo XV, los niños y las niñas eran abandonados a su suerte o cuidados por nodrizas sin los lazos afectivos de sus padres.

En el siglo XVI éramos considerados pequeños adultos y obligados a servir y trabajar arduamente, sin derecho de asistir a la escuela.

Es en el siglo XVIII que a través del pensador Juan Jacobo Rosseau con el lema: El niño nace bueno es la sociedad quien lo corrompe. “Postulaba que la educación debe entender al niño, satisfacer sus necesidades y mejorar sus intereses naturales”.

Recomendaba que hasta los 12 años debíamos jugar con libertad. Por supuesto que a muchos no les agradó y causo polémica.

Fue hasta el siglo XX que entre corrientes filosóficas, psicológicas y pedagógicas; se determina que el juego es una necesidad en la vida de los niños y en 1959 se declarara “Los Derechos del niño, considerándolos como un ser social con derechos y deberes y que la

sociedad y el Estado deben brindarnos protección, educación, salud y bienestar integral.

¿Me pregunto, qué pasó con estos derechos del niño?

Cuando las niñas están siendo violentadas en el ejercicio forzado del matrimonio infantil en más de 50 países alrededor del mundo como: África, La India, Siria, Pakistán, Libia…

¿Porqué robarles sus sueños y juegos a temprana edad?

No sólo maltratan su cuerpo frágil, también su alma de niña.

Me entristece que en mi país de México y en mi estado de Chiapas también abusen de las niñas y sus padres las vendan, que las pongan a trabajar duro, que las exploten y les enseñen a servirle a los hombres de la casa.

Exijo por la igualdad de derechos entre hombres y mujeres.

Qué los niños y las niñas del mundo jueguen, jueguen sin detenerse,

que nuestra risa sea el sonido interminable de la alegría.

Por la paz y el bienestar de los niños y niñas.










Yolanda Del Carmen Velasco Aguilar (12 Años)





Yo soy Malala




A mi padre siempre le decían que me cambiaran el nombre de Malala

Significa triste pero para él tenía otro significado valentía. A mí nunca me

Quitaran el derecho de estudiar estudiare en la casa, en la escuela u otro

Lugar no me quitaran el derecho de estudiar. Está escrito en el sagrado

Corán que la verdad debe proclamarse y la falsedad debe morir, mi papa

No me presiono me dejo hacer lo que yo quería. Sabía cuál era el riesgo de

Estar enfrente a una cámara, nunca imaginamos que se atreverían a

cambiarme permanentemente pero lo hicieron que lastima porque sigo

siendo Malala.

Yo considero que vivimos en una “sociedad patriarcal” en la que los

padres consideran a sus hijas de una forma reproductiva y doméstica en

ves de formarlas intelectual y profesionalmente. Además pocas niñas llegan

a completar sus estudios de secundaria el problema es que es injusto

todos lo ven y no hacen nada, no nos obligaran a quedarnos calladas

nosotros debemos de alzar la voz y gritar.






(San Cristóbal de las Casas)






Tayde Herrera López


Anónima



Estoy frente a mi cuerpo. Desnuda y rígida. Observo en mi rostro la última mueca del horror de la noche, o el ¿día? No recuerdo. He perdido la memoria. ¿Qué hago?, ¿lloro? Pero no tengo ganas de llorar, ni de interpretar el papel de plañidera. A mi alrededor hay cuatro cuerpos más que me acompañan. Y está ella, con su sombrero, su estola, una sombrilla y su vestido largo adornado con flores, se ve tan elegante. Se acerca a mí, delicadamente decora mi desnudez con una flor, su presencia da color al cuarto laminado y sangriento. Alguien más llega. Sus lamentos traspasan las paredes, no comprendo sus palabras, son sonidos intensos que se contraen, se alargan y resuenan en este frio lugar. Con guantes y bata blanca, Elías se acerca a un hombre mutilado, vienen por él. Me pregunto. ¿Alguien vendrá por mí?

Un día más. Espero, ella está a mi lado, no distingo su rostro, pero si veo su parsimonia al caminar y al acercarse a los cuerpos que continúan llegando. Acomoda su estola y, paciente, aguarda.

Me llaman la desconocida, la olvidada, porque nadie ha venido a reclamar mi cuerpo verdeazulado y de ojos hundidos.

Desde hace dos días Elías es quien me revisa, con cuidado levanta mi mano, observa mi cuello, mira mis uñas. No habla, sólo escribe. Gritan su nombre, coloca los papeles sobre la mesa. Intento leer su contenido: veinte años de edad, piel morena, cara redonda, complexión delgada, labios gruesos, nariz recta, tatuaje en el hombro izquierdo, cabello largo y negro, moretones en el cuerpo, rasguños en el cuello, falleció a las siete de la noche. ¿Así fui? Ahora soy materia de descripción sin un nombre.

Elías regresa con Javier. Entre los dos hombres me mueven, tratan de alinearme para colocar más camillas. Javier manipula con desgaire los cuerpos: Hay que aligerar la documentación, porque se nos amontonan, y no tenemos espacio. Elías sólo mueve la cabeza. El doctor fue contundente: Si no son reclamados a las cuarenta y ocho horas, a la fosa común.

Nadie llega. Mi tiempo venció. Camino junto a Elías y Javier entre tumbas sin nombres, fosas abiertas y flores marchitas, a mi lado camina ella, con su vestido que resplandece con el sol.

Cubierta con una bolsa blanca mi cuerpo cae dentro de una fosa en un terreno árido que dificulta mover la tierra. Al final, colocan una placa con el número 1,287. En lugar de un nombre, soy un número. Si alguna vez tuve uno, no lo recuerdo. Ahora soy una de tantas, desconocida y olvidada en el archivero del limbo.



SEMBLANZA

Tayde Herrera López. Estudia la Maestría en Estudios Culturales en la UNACH. Participa en el taller literario del maestro Alejandro Aldana Sellschopp. En Chiapa de Corzo coordina una Sala de Lectura para niños de 6 a 13 años. Integrante de la organización cultural “Abriendo Caminos” José Antonio Reyes Matamoros y del Colectivo de Promoción Lectora





Irma Méndez Sánchez


Ser mujer en la vida y en la escuela. La historia de Rosita


Todo sucede cuando una maestra nueva llega a la comunidad y observa que cerca de la escuela vive una familia con cinco hijos; tres niñas y dos niños.

La maestra, al percatarse que ninguna de las niñas asistía a clases, se preguntó -¿Por qué estas niñas no asisten a la escuela?- Su inquietud la llevó a indagar tal situación, por lo que decidió visitar la casa de la familia. Al llegar a la casa los perros ladraron fuertemente -¡wow,wow,wow!- Doña Panchita salió prontamente y espantó a los perros, la maestra dijo -buenos días Doña Panchita ¿cómo está usted?-, en eso apareció Don Alonso que con una mirada de molestia expresó -¿¡Qué paso maestra!? ¿¡Que la trae por aquí!?-, la maestra correspondió diciendo -buenos días Don Alonso, fíjese que estoy realizando visitas para invitar a los padres de familia a que inscriban a sus hijos y asistan a la escuela-, Don Alonso respondió -¡ah, ya entiendo!, pues… la verdad no me importa la escuela, porque Martha y María ya están grandecitas y aquí ayudan muy bien a su mamá y a su abuelita, sin tanta escuela están aprendiendo a tejer, a hacer tortillas y ya pronto se casaran así que no hay necesidad de escuela, si en este momento las mando a la escuela, pueden agarrar marido, solo yo sé cuándo y quienes serán los maridos de mis hijas y en cuanto a Rosita, ella tiene 3 años, aún es muy pequeña, pues todavía toma su biberón-

La maestra respondió -precisamente Don Alonso, los alumnos que están en mi escuela tienen tres, cuatro y cinco años, son de educación preescolar, después pasarán a la primaria- a ello, Don Alonso respondió -¡Ah bueno, pero yo no quiero que vayan mis hijas, ande, siga en otras casas pero yo no mandaré a Rosita! – La maestra suplicó –pero por que no Don Alonso, por favor inscríbala y ya vera que aprenderá muchas cosas. De nuevo Don Alonso contestó -No maestra, no es posible que Rosita vaya, está muy chiquita, además es mujer, de nada le servirá la escuela, en cambio mi hijo Panchito podría ir, nada más que él tiene apenas dos añitos y todavía mama, el sí podría ir, pero Rosita tiene que cuidar a su hermanito, además podría aprender la pereza, no, no puede ir, así que ¡váyase ya!-

La maestra nuevamente muy insistente le dijo: -Don Alonso, no le niegue la oportunidad de que vaya a la escuela, ande déme la oportunidad de servir a usted y su hijita-, Doña Panchita, la mamá de Rosita miraba con ojos de que sí quería que su hija estudiara por eso dijo –Alonso, sería mejor que Rosita vaya uno días, total es de niños pequeños, allí no encontrará marido. Alonso miró desafiantemente a Panchita, y ella ya no dijo ni una sola palabra, solo suspiró hondamente porque le tenía temor a su esposo.

Después de la insistencia de la maestra, por fin Rosita pudo entrar al primer grado de preescolar. Rosita participaba, era muy inquieta. Doña Panchita miraba el avance de su hija, se sentía muy gozosa, procuraba mandarla bien arreglada, le compraba su cuaderno y su lápiz. Un día Doña Panchita platicó con la maestra y le dijo -ay maestra yo hubiera querido ir a la escuela, pero mi papá, así como Alonso no me dejó ir, si yo hubiera estudiado, tal vez sabría leer, escribir, defenderme y conociera la ciudad, pero hoy me da miedo ir porque no se hablar con el caxlan (mestizo), por eso deseo que mi hija estudie y quizá ella pudiese tener mejor suerte-.

Rosita terminó el primer grado de preescolar y al siguiente entró a la escuela Panchito, su hermano menor. Ella llevaba y cuidaba pacientemente a Panchito.

En educación preescolar, podían dibujar, hablar de lo que les gustaba, escenificaban cuentos y elaboraban manualidades. Y para desarrollar el lenguaje, los niños aprendían poesía, formulaban adivinanzas, se les motivaba a reconocerse como niños únicos, con una identidad y autonomía propia. Los tres años pasaron rápidamente y Rosita culminó preescolar, su abuelo, Don Antonio intercedió para que su nieta continuará su primaria. A Don Alonso no le quedó más remedio que aceptar, pues no podía desobedecer el mandato de su padre, así era la costumbre.

Rosita iba creciendo muy bonita, con una larga cabellera, con una mirada de inocencia, y eso sí, con un gran deseo de aprender, así pasaron los años y terminó el sexto grado de primaria. En esta etapa, Rosita ya contaba con algunos pretendientes, pero ella no se fijaba en eso, solo pensaba en estudiar, por eso suplicó a su padre que la dejara estudiar la secundaria, y Alonso accedió a dicha petición.

Al terminar la secundaria, Don Alonso le dijo a Rosita que ya no podía seguir estudiando porque tenía que casarse, pues los años pasarían y después ya no podría exigir tanto para darla en matrimonio, sin embargo, Doña panchita dijo: - es mejor que vaya a la escuela, sería bueno que continúe y así dirán que tienes una hija “muy chingona”- Don Alonso dijo –¡No, yo no quiero eso, te lo dejo a ti si puedes con los gastos, allá tú, yo no ayudaré en nada!-, Doña Panchita, asumió el reto, se dedicó arduamente a la venta de tortillas, tamal de frijol, al bordado de blusas, venta de comida para los maestros de la comunidad para ayudar a su hija.

Rosita estudió bachillerato, fueron tres años de arduo trabajo, estudiaba y trabajaba como empleada doméstica para poder sufragar los gastos que requería su educación. Pasaron los 3 años, pocas mujeres lograron terminar sus estudios, algunas se embarazaron y tuvieron que casarse, otras quedaron como madres solteras y Rosita pudo concluir. Pensando que con sus estudios obtenidos podría encontrar un empleo mejor remunerado, buscó y buscó sin encontrar nada, pues exigían estudios de licenciatura. Tenía muchos deseos de continuar sus estudios universitarios, sabía que requeriría mayor dinero y más tiempo, por lo que no le quedó otra alternativa que regresar a su comunidad.

Con gran semblante de tristeza, Rosita llegó a su casa, su papá le dijo: -ahora sí, dame la razón, la escuela no sirve para comer, mira como tú con tu estudio no pudiste buscar trabajo, en cambio, tus hermanas ya están casadas y con hijos, les va muy bien, pero tú ya eres grande, estás vieja, has cumplido 18 años, quien sabe quién se quiera casar contigo, tendrás que esperar algún viejo, viudo o dejado para que se fije en ti y yo no podré ser exigente en pedir la dote de la boda, pues ya pasó tu tiempo-. Rosita y Doña Panchita lloraron amargamente, pero Rosita dijo en su corazón –no se acaba el mundo, aún tengo esperanzas, buscaré a mi maestra de preescolar, seguramente ella me ayudará-. Rosita suspiró hondamente, se limpió las lágrimas, luego sonrió con una gran expresión y se dijo –No pasa nada, aún tengo camino que recorrer, pues escasamente tengo 18 años, la vida sigue, nada me detendrá-…


SEMBLANZA

Irma Méndez Sánchez, nació en Tsontealja’, Oxchuc, Chiapas. Es hablante de la lengua Maya-Tseltal, supervisora de Educación Preescolar indígena, cuenta con estudios de maestría en Educación y Diversidad Cultural y es miembro de la asociación de escritores “xmuxuk’ balumilal”.





Luz Helena Horita



Luna Menguante



Recostada en la cama observo la sombra escurridiza de ma’ Chayo, desde pequeña me gusta delinear su silueta sobre la tela que separa el cuarto de la sala, adivinar su gesto concentrado en la costura y pasar el tiempo inventando historias como en una función de marionetas. Llueve, el viento se cuela por la ventana y agita las cortinas, gruesas gotas de sudor resbalan por mi rostro hasta perderse entre las sábanas. ¿Recuerdas cómo es la lluvia aquí en la costa? El aire caliente se revuelve y parece abalanzarse sobre uno, es animal que acecha, sofoca bajo el escándalo de agua contra las láminas del techo. El dolor vuelve, mi mente repara en la clínica al otro lado del puente, estamos solas. Abro la boca pero sigo sin aliento. Se tensa mi cuerpo, algo me desgarra partiéndome en dos. Soy una hoja desprendiéndose al tiempo que un relámpago ilumina la pared escarapelada del cuarto. Los espasmos cada vez son más intensos y frecuentes. Me pregunto si donde estás también hay temporal. La tempestad arrecia como si adivinara mis pensamientos, cae con furia sobre la casa mientras escucho el asustado aullido de los perros.

Ma’ Chayo recorre la cortina, entra en silencio. Es inútil cualquier intento de escuchar nuestras voces con los truenos y el rugir del río más allá de la alambrada. Nunca había oído el golpe sordo de las piedras arrancadas por la corriente. Recuerdo el día de tu partida, desde el vado me quedé viendo cómo agarrabas rumbo para tomar el carro a Tapachula. No te quise acompañar, no me gustan las despedidas, así me quedé mirando tu espalda hecha fantasma, delineada apenas por la madrugada. Hubiera querido convencerte para que no te fueras, pero aquí no queda mucho por hacer, trabajar la tierra ya no rinde y la bananera no paga como antes. En otro tiempo la siembra de plátano era buen negocio, dos veces a la semana barcos repletos de fruta salían hacia el extranjero desde Puerto Madero. Entonces el futuro parecía bueno, tendríamos lo necesario y quizá algo de más para comprar nuestra casa y llevarnos a la abuela a Tapachula; pero los cachucos y salvadoreños llegaron. Son la plaga de la desgracia en nuestras tierras. Ahora sólo los contratan a ellos, pagar a los de aquí sale muy caro. La vida empeora cada día. Ahogadas en ruido de lluvia llegan a la memoria imágenes de mi infancia, correrías entre matas de algodón en flor, avionetas cruzando el cielo y el aire enrarecido, irrespirable como el de agua revuelta.

Los truenos se escuchan cada vez más fuertes, la luz del cuarto vacila. Siento crecer la contracción de mi vientre mientras la abuela extiende su mano para sostenerme. La rigidez se apodera de mi cuerpo y mi cadera es una punzada creciente, me abarca, algo se mueve buscando la salida, abre mis huesos, pierdo la vista en la imagen de la virgen que me observa imperturbable. Maldigo en silencio tu ausencia, la tierra inservible, los cachucos, los patrones, los ruegos inútiles ante la desgracia.

Mamá Chayo aprieta fuerte mi brazo, con la mirada me exige un esfuerzo más. Sé que también le crece el miedo, este se aferra a la incertidumbre y me hace pensar en ti, te fuiste sin saber de tu hijo y quizá nunca te enteres de su existencia. Silba el viento a través de los árboles, se escucha un crujir de ramas seguido de un golpe seco en medio del patio donde hasta hoy había un naranjo. Respiro una y otra vez en espera del siguiente espasmo, el ruido crece al otro lado de la puerta, es un monstruo amenazante multiplicado en la confusión de bramidos y fragores; me rompo, el agua brota de mí mezclada con la que descarga el cielo. Esperábamos la luna nueva pero es menguante el signo que diluye los sueños.

Siento como si un pez surgiera de mi vientre, resbalara entre mis piernas ahora hechas guiñapos mientras un fluido tibio escurre de mi sexo vaciándome por completo. Mis sentidos se recuperan, dejo de escuchar la tormenta como a través de un túnel. En medio del desconcierto pesa el silencio de mamá Chayo. El ruido del río crece con un tronar de piedras y árboles desgajados, avanza hasta la casa, golpea. Inclinada sobre el pequeño cuerpo la abuela permanece ausente ante el torrente de rocas y plantas que se abre paso en el hueco de la puerta vencida, inunda, arrastra todo lo que encuentra en su camino. Me descubro en un remolino de líquido frío y oscuro, mi cuerpo es un rastrojo más entre raíces, muebles, trapos y ma’Chayo que se aferra a nuestro hijo. Lo último que veo es su rostro triste que intento descifrar, segundos antes de que la oscuridad nos trague.



SEMBLANZA


Luz Helena Horita Pérez. Tapachula, Chiapas. 1973. Ingeniera Química con estudios de Maestría en Ciencias Bioquímicas y doctorante en Educación. Becaria del PECDA con el proyecto Ley Fuga en la emisión 2005-20006. Egresada del Diplomado en Creación Literaria del el Espacio Jaime Sabines. Participante del Taller Literario “José Antonio Reyes Matamoros”. Miembro de la Organización Cultural “Abriendo Caminos: JARM”, así como de Fomento y Promoción de la Cultura.






Lyz Saenz



Tierra








Äjn naka kujpyäre y ajpyäre

te’ wo’kyajpapä myapasyäjyajpa suksuramnte

tantanis kyomäyajpa wyit yo’m’unese

matzase mäjtzäyajpa


En mi piel de corteza y hojas,

los capullos se sueñan colibrís,

y las mariposas niñas con alas

juegan a ser estrellas.



Ja’tzyuku najs kenera’mpä

¿Mij ntäjkomo ja’irä kyijpkuy?


Hormiga color de tierra

¿Verdad que en tu casa

no cabe la guerra?



Tzinupä su’kuy te’ suksusnye’,

najs konu’kskuy nyä’yäyajpa,

najs pajkjin tzyä’kyaju,

jäyä’sepä tzamejin ijtpa tzajpomo.


Besos de miel colibrí,

la tierra te nombra,

en huesos de arcilla,

corolas de versos en alto cielo.




SEMBLANZA


LYZ SAENZ Nació en la comunidad Valtierra, Chapultenango, Chiapas, México. Hablante de la lengua originaria Ore tzame (zoque). Fue becaria del FONCA en Letras en Lenguas en lenguas indígenas 2014 – 2015. Integrante de la organización cultural Abriendo Caminos: José Antonio Reyes Matamoros.

Los poemas forman parte del poemario Ts’unun: Los sueños del colibrí. Editorial Abriendo Caminos - PACMyC 2016.





Rebeca Ruiz Riverol



GAVIOTA




Hay días que no tienes ganas de peinarte, ni de bañarte, ni levantarte de la cama. Te sientes como un volcán con lava a punto de gritar y sacar lo que guardas en tu interior. Así se sentía Mildred. Cada día, se veía al espejo y deseaba convertirse en gaviota e irse volando a un lugar tranquilo donde tuviera una familia… irse a volar sobre el mar. Ella a sus doce años debía trabajar ¡muy duro!

Mónica a quién la gente conocía como “la Mona” había encontrado a Mildred fuera del bar: Se topó con “su minita de oro”. La Mona al verla se percato que era una niña de la calle y enseguida aparentó darle cariño y comida. Pasando tres meses a Mónica le salió lo “Mona” y arrebatándole la niñez a Mildred la obligaba en silencio a vender besos, caricias, fantasías negras que muchos supieron pagar.

Mildred no tenía muñecas pero sí vestidos, muchos vestidos que al caer la noche brillaban y provocaban las perversiones de los hombres. Nunca manejó una bicicleta, tampoco comió chocolates sólo imaginaba su sabor dulzón.

Una noche de tantas, estando paradita en la esquina, un hombre con barba, moreno, ojos grandes no pasaba de los cincuenta años, llegó sin aviso y agarrándola de la cintura, le pregunto cuánto cobraba, ella le dijo su tarifa y a los pocos minutos ambos estaban desnudos sobre la cama. Mildred pasada la hora se vistió y salió del Motel para volver a su esquina. El hombre no hizo el intento por detenerla sólo le dio su pagó y espero a que se fuera.

Mildred al llegar a casa siempre encontraba a la Mona toda ebria, recostada a pierna suelta en el sillón del “intento de sala”: dos sillones con el tapiz deshilachado que en algún tiempo fueron de color azul. Intentaba taparla con la sábana pero era inútil porque los agujeros eran tantos que no alcanzaban a cubrir su cuerpo. Siempre debía colocarle bajo el brasier el dinero que aquéllos hombres le habían dado. Mona lo llamaba: el pago por sus alimentos, los cuales eran invisibles, pues el refrigerador sólo tenía cervezas y jitomates podridos.

Gracias a Charito, la niña no había muerto de hambre. Ella le llevaba comida dos veces al día: por las mañanas y las madrugadas. Charito y Mildred vivían en la misma vecindad y también eran vecinas de esquinas. Ambas intentaban cuidarse hasta convertirse en gaviotas.

Charito, una mañana, le llevaba la merienda a Mildred y al tocar la puerta, escucho como la Mona le reclamaba a Mildred: ―Y ahora qué voy hacer, así no sirves para trabajar. Tenías que salir con tu gracia―

Charito toco con más fuerza y la Mona le abrió la puerta diciéndole: ―ahora traerás comida para dos―

y señalando el vientre de Mildred dijo: ―pero ya verás te haré un tecito y ambas saldremos de este problema―

Charito le dio el desayuno a su amiga, mientras la Mona preparaba la fusión de yerbas…

―ándale, bébelo todo―dijo, con voz impaciente, la Mona

―sí Mildred, bébelo― insistió Charito

―no quiero, sabe amargo―

―Ay chamaca mal agradecida, después que te levante de la calle. Ándale entre más rápido mejor―

Charito acariciándole la cabeza le dijo: ―mira si te lo tomas, prometo conseguirte chocolates―

Y haciendo mil gestos lo bebió hasta el fondo.

―Bueno yo me voy al bar pero ahí te la encargo, en cuanto despierte, la bañas… hoy esta chamaca no sirve para algo―

Mildred, sintió mucho frío en el cuerpo, tomo la mano de Charito y le dijo: ―me siento muy mal, me duele mucho―

De entre las piernas de Mildred, al igual que un volcán, broto un líquido parecido a la lava: rojo con pedacitos de algo que no eran rocas.

―Qué me pasa, qué es esto― le pregunto a Charito

―te acuerdas lo que me contaste aquél día, cuando querías convertirte en gaviota―

―sí…― y cerrando los ojos voló.



SEMBLANZA
Creyente de la letra sagrada y de los cuentos de Mario Benedetti, ama la complejidad del hombre y detesta la soledad. Nace en la tierra donde florece la ceiba, Tuxtla Gutiérrez; Chiapas en 1982. Por convicción comienza a estudiar Lengua y Literatura en la UNACH y finaliza sus estudios en la Universidad Veracruzana. En el 2016 publicó su libro de cuentos “De nuevo soy atea”.





Norma Vargas Macosay



El valle de las lunas sumergidas



Recargados en el mostrador del doctor Bradbury; mi creador levanta inusitadamente la manga corta de mi vestido y examina el brazo izquierdo.

Explora el persistente dolor que remito hace más de tres años en la parte izquierda del cuerpo; desde el hombro hasta la planta del pie.

Una aguda luxación en las terminaciones nerviosas, se desplaza hacia la espalda, cadera, rodilla y pierna.

Ausculta la cámara de combustión de mi brazo, cuyo hombro está provisto de cavidad hemisférica de treinta centímetros cuadrados, cubierta de plástico rígido. A manera de visor transparente; exhibe el pleno funcionamiento de músculos, inyectores, venas, cilindros, huesos y bovina de ignición.

Revisa motores del miembro posterior, húmero, mano, cuello y … sin mayor preámbulo; como abriendo el soporte para almacenar carnes frías en la puerta del refrigerador; retira de mi hombro el visor de plástico. Toma el compás de la lapicera e inserta, a manera de bisturí, la punta del metal.

Un corte fino y preciso penetra el forro texturizado que recubre mi brazo, imitando la piel. Brota sangre y pus a borbollones, hasta vaciar el depósito; expulsando armalcolita, silicato y polvo cósmico.

. Durante la virtual cirugía, introduce sus dedos en la cavidad, extrayendo al pequeño y rojo camarón que se ha averiado e implanta otro. Vivo, saludable.

“¡Nada grave!, el camarón es de agua dulce y de buena calidad. Pertenece al valle de las lunas sumergidas; donde se expande la corteza helada”; asiente el sosegado médico y vuelve a colocar el visor en su lugar, dejando la maloliente quisquilla sobre el mueble; como se suelta un bolígrafo

“El crustáceo ocluía la articulación del hombro y, esa parte es la que tiene mayor variedad y amplitud de movimientos en el cuerpo, evitando así las luxaciones”; expone su diagnóstico clínico y de improviso, entra por la ventana un enorme gato de color verde pálido; postrándose a sus pies.

Mi inventor, muy ufano, tira al suelo la esquila de tres centímetros de longitud que ha removido de mi hombro. De inmediato, el minino se abalanza sobre el encorvado y estrecho cuerpo; olfateando cautelosamente las antenas largas.

En un rito de placer, el felino lame la coraza, las pequeñas patas y las fibrosas mandíbulas; deglutiendo al camarón entre sus fauces.

Con ojos fijos y afilados punzones, el gato emite sonidos de alta potencia; devorando mi hombro izquierdo; seguida de toda mi humanidad.

Aquel valle de lunas sumergidas, sepulta mis restos en sus hendiduras; transformándolos en brillante montaña de oscuras ígneas.





SEMBLANZA



Norma Vargas Macossay nació San Cristóbal de Las Casas, Chiapas. Estudió Comunicación en la UDLAP y egresó de la Escuela de Escritores de San Cristóbal, perteneciente a la SOGEM. Durante diez años trabajó como reportera de noticias en radio y tv en la CDMX, destacando como enviada especial durante el Levantamiento del EZLN en 1994. Ha realizado documentales independientes y exposiciones fotográficas de autor. Actualmente cursa talleres de Creación literaria y preside una organización para el fomento y promoción de la cultura. Escribe narrativa y notas culturales en diversos diarios estatales.






Chary Gumeta



Reconozco Que No Naci




Reconozco que no nací

Para ser una sedentaria

No se echar raíces

Porque tengo el sudor del mundo

En la piel y en los pies.

Tengo miedo de convertirme en fantasma

Y deambular por los ríos de mi pueblo.

Ser parte de una lista con nombre de desaparecida.

No quiero ser una mujer desangrada

Por la mano de la miseria

Y de la maldad de mi país.

Debo quemar la ropa vieja

Y seguir este sendero

Donde matar el tiempo te convierte en asesino

Y lo contrario en sobreviviente.

Andar descalza es andar desnuda

Y yo quiero caminar con zapatillas.






Desconocida




Llueve





Y su rostro recibe el llanto del cielo.


Sus ojos miran fijamente hacia el sur

Buscando una señal

Un regreso.


Semidesnuda

Permanece inerte en aquel lodazal.


Su cuerpo

Cubierto con señales de violencia

Muestran unas piernas blancas

De gélida belleza;

Sus manos delgadas como alas de mariposa

Del color de las violetas.



En aquella soledad

Solo  se escucha el murmullo del día en el día

Y el de la noche en la noche.


¿Cómo se llama?


No tiene nombre,

Se pierde entre todas las historias de desaparecidas.






SEMBLANZA

Chary Gumeta (María del Rosario Velázquez Gumeta) Chiapas, México. Cursó estudios de Letras Latinoamericanas, Licenciatura y Maestría enfocados a la Educación, Promotora Cultural de arte y la Literatura. Ha publicado en antologías, en diversos medios de difusión y los siguientes libros: VENENO PARA LA AUSENCIA (Public Pervert, 2013, México; 2ª Edición, Argot Editores, Guatemala, C.A.), PERLAS DE OBSIDIANA (Espantapájaros Edit. 2014, México), POEMAS MUY VIOLETAS (Edit. Metáfora, 2016, Guatemala, C.A.) COMO QUIEN MIRA POR PRIMERA VEZ UN UNICORNIO (Edit. La Chifurnia, 2016, El Salvador, C.A.) COMO PLUMAS DE PAJAROS (Antología Poética) (CONECULTA-CHIAPAS, SC., 2016, México), entre otros. A participado en Festivales de Poesía y Ferias de Libros Nacionales e Internacionales. A través de la antología VOCES DE AMERICA LATINA (Edit. MediaIsla, E.U.), sus textos son parte de la cátedra de Literatura en la Universidad Hunter College of New York. Actualmente es coordinadora del Festival Internacional de Poesía Contemporánea SCLC y de Literatura en el Festival Multidisciplinario Proyecto Posh.

















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